Lo que se vive en las carreras ilegales

En Nicaragua los motociclista son los principales afectados en los accidentes de tránsito.Cortesía/Maje
Con dos años de participar en carreras de motos ilegales, un joven casi pierde la vida.

Es la 1:00 de la madrugada del domingo, en la zona de la carretera norte se escuchan los ánimos candentes, jóvenes esperan emocionadísimos el momento en el que presenciarán un derroche de adrenalina, es la hora de las carreras ilegales.

Comienza a escucharse los ruidos fuertes de los resonadores acelerando las motos, mientras un grupo de chavalos corredores se alistan en la línea de salida para esperar que la luz verde del semáforo aparezca.

Esperar en la línea de partida mientras la luz verde del semáforo aparece.Cortesía/Maje. Esta es la experiencia de la que en muchas ocasiones formó parte un joven al que en esta historia llamaremos "Alejandro". Cuando tenía 16 años de edad, Alejandro sintió las ganas y la curiosidad por participar en las carreras de motos, “quería experimentar la adrenalina, ganar el respeto y admiración de todos sus amigos y ser uno de los mejores corredores” comentó.

Después de unos días le llegó su momento, se estrenaría como corredor de motos.

Tomó su motocicleta, resonó el acelerador y al compás de la luz verde inició su recorrido por la pista y fue ganando velocidad, hasta que el miedo se apoderó de su cuerpo y de su mente. Perdió el control y en cuestión de segundos desapareció sobre el pavimento.

Terminó con grandes raspaduras y quemaduras de fricción en diferentes partes de su cuerpo.

Luego de su primera experiencia, que no había sido tan buena, Alejandro decidió reponerse y retarse así mismo para continuar corriendo.

Después de una, dos, tres y unas cuantas carreras ganadas, logró superarse de su aparatosa primera vez.

Además de sentir adrenalina, que era lo que más le gustaba a Alejandro, recibir el ánimo, felicitaciones y dinero; era otro aspecto que le daba felicidad.  

Cada vez que iba a participar en las carreras, salía a escondidas pues su mamá no estaba de acuerdo en que él participara de esto, temía lo peor. Siempre que Alejandro salía de su casa rumbo a las carreras, recordaba a su mamá y en ocasiones le daba miedo lo que le pudiera pasarle durante las competencias, puesto que su madre era la que iba a sufrir mucho con lo que podría llegar a pasarle. Esta situación hizo que Alejandro no participara en las grandes carreras ilegales que se hacían en la carretera a Masaya y se mantuviera solo en las competencias que se armaban en la carretera norte.

 Corrían entre las 8 y 9 de la noche para utilizar el tráfico como obstáculo.Cortesía/Maje.A pesar del pensamiento que Alejandro tenía, cuando escuchaba el resonador de su moto se olvidaba de todo, hasta de su mamá. De las veces que el joven corrió, una la hizo por enojo y la otra porque quería olvidarse de los tantos problemas familiares por lo que atravesaba. El recorrer esos kilómetros a toda velocidad, hacían que su mente se despejara por un momento, olvidándose de todo lo que pasaba a su alrededor.

En ocasiones, para hacer las carreras más difíciles corrían entre las 8 y 9 de la noche, cuando todavía había un poco de tráfico y eso les servía como obstáculo.

 Carrera de la muerte

Luego de  participar 2 años en carreras ilegales de moto, la última vez que Alejandro corrió, salieron de los semáforos de multicentro Las Américas hasta la carne asada el gran hotel en carretera norte. Sin embargo, fue una carrera que no se cumplió la meta, debido a que Alejandro sufrió un accidente en la vuelta de Banpro del barrio Santa Rosa.

Las llantas de la moto roja que el joven conducía, se deslizaron en un charco de agua que había sobre el pavimento, provocando que se estrellara en el muro del puente a desnivel en portezuelo. Luego del fuerte impacto, Alejandro salió por los aires dando dos volteretas, golpeando bruscamente su cabeza contra el asfalto.

Estando en el suelo, luego de unos minutos el joven se levantó muy aturdido y bañado en sangre, producto de las heridas y raspones que había en su cuerpo. Caminó unos cuantos metros y se dirigió a buscar chinelas, las tomó y ahí en medio de la calle se detuvo a pensar por unos minutos que por poco casi pierde su vida en unos segundos de adrenalina.

A Alejandro le quedó una marca en su brazo derecho, que siempre que se la ve le recuerda el día del accidente que tuvo y del momento de suspenso que vivió.

Ese día marco el fin de Alejandro en las carreras de motos, desde ese día se prometió a sí mismo y a su mamá que más nunca volvería a las carreras, pues aprovecharía la segunda oportunidad de vida que Dios le había regalado.

Es hasta la fecha y Alejandro cada vez que escucha el resonador o el ruido de una moto que va desplazándose a gran velocidad, se le eriza la piel y la adrenalina que le provoca es algo inexplicable, sin embargo, no regresa a las carreras porque recuerda la promesa que hizo en un tiempo atrás y el momento en el que por poco casi pierde su vida.

 

 

 

 

Notas Relacionadas

Manifestante que está en la lista de Alianza Cívica, declarado culpable

A pesar de ser parte de la lista de presos por liberar que tiene la Alianza Cívica, el joven fue declarado culpable de “robo agravado”.

Clases gratis de jazz y piano en Managua 🎵🎶

Todas las clases se realizarán en el Museo Galería Pablo Antonio Cuadra, en Hispamer Managua.