Entre el reto y la discriminación, así es emprender después de la cárcel

Cortesía / Maje
Luego de ser excarcelado, conseguir empleo es una tarea difícil, por ello varios manifestantes decidieron emprender vendiendo bisuterías.

Después de haber permanecido en la cárcel por siete meses y 22 días, ganarse la vida para Edwin Alberto Juárez, de 25 años, ha sido un verdadero reto. “Nadie le quiere dar empleo a un excarcelado”, dice el joven, quien hasta antes de abril realizaba trabajos de electricidad. 

Desde que salió de la cárcel el pasado mes de mayo, Edwin se dedicó a buscar trabajo para mantener a su familia, pero no lo consiguió. “Uno se tiene que ganar la vida, tenemos familias, tenemos gastos”, indica. Él asegura que la gente no le brinda trabajo por miedo. 

Ante este panorama, Juárez decidió integrarse al grupo de la Unidad de Presos Políticos Nicaragüenses (UPPN), una organización formada por varios excarcelados que decidieron unirse para emprender haciendo sus propios productos. 

Mientras estuvieron en la cárcel, muchos de los manifestantes aprendieron a hacer pulseras de nailon. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

Mientras estuvieron en la cárcel, muchos de los manifestantes aprendieron a hacer pulseras de nailon, bolsos de tela y aretes de porcelana. “En la cárcel hacíamos pulseras azul y blanco, pero los guardias nos golpeaban”, relata el joven originario de Managua. 

Por la necesidad y gracias a los nuevos conocimientos que obtuvieron en la prisión, varios excarcelados comenzaron a hacer la “Feria  de Artesanías Azul y Blanco”, donde venden sus propios productos. La primera se realizó un 23 de junio en el atrio de la Catedral de Managua, a partir de entonces las han hecho en otros departamentos como, Masaya y Matagalpa. 

“Trabajar en la feria es un sustento por ahora”, explica. Él espera más adelante tener la oportunidad de montar su propio negocio en electricidad, puesto que esos eran sus planes antes de la crisis. 

Edwin se dedicaba a trabajos de electricidad antes de la crisis. Foto: Cortesía / Maje


De maestra a vender bisutería 

Al igual que Edwin Alberto Juárez, Ada Patricia Laine es excarcelada, tiene 41 años, nació en León, es profesional en pedagogía y tiene un posgrado en psicología educativa, se dedicó por más de 20 años a la docencia en el Colegio Modesto Armijo Lozano, de Sutiava.

Ella se involucró a las protestas para ayudar a su hijo, quien antes de la crisis era estudiante de la carrera de Ciencias Económicas en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León). “Decidí unirme ayudando a los chavalos con alimentos”, narra esta profesora. 

Esta decisión la llevó a ser una parte de las más de 500 personas encarceladas por situaciones relacionadas a las protestas. El 8 de noviembre de 2018, mientras “doña Ada” se encontraba fuera de su casa, un grupo de simpatizantes del Gobierno junto a policías llegaron y empezaron a revisar todas sus pertenencias. 

Ada Patricia se involucró a las protestas para ayudar a su hijo. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

“En la casa solo estaba mi hijo, después llegué yo”, recuerde Ada Patricia. Ese día su hijo y ella fueron encarcelados, trasladados a El Chipote y posteriormente al Sistema Penitenciario La Esperanza y al Sistema Penitenciario La Modelo respectivamente, donde se reunieron con otros manifestantes. 

“Mi hijo aprendió a hacer pulseras y placas de plástico en la cárcel”, cuenta Ada. Ella desde antes de estar en prisión ya sabía hacer bisuterías, puesto que en el colegio donde impartía clases, tenía una asignatura que se llamaba “Aprender, Emprender y Prosperar”. 

Cuando salió de la cárcel el 27 de enero de este año, fue directo al colegio donde había laborado los últimos 20 años de su vida, para intentar recuperar su empleo, pero la respuesta que encontró fue negativa y le informaron que estaba despedida y además no le pagaron su liquidación. “El director me dijo que él mismo me había denunciado por tranquera”, comenta Ada. 

En su desesperación por encontrar un ingreso de dinero, puesto que su hijo todavía seguía en la cárcel y necesitaba llevarle comida, ella se reunió con otras compañeras excarceladas que salieron el mismo día que ella, entre estas Ruth Matute, Dennis Portocarrero y Ana Cecilia Hooker y juntas materializaron la idea de una feria para vender manualidades. 

El día 27 de febrero, el hijo de Ada fue liberado. Foto: Cortesía / Maje

“Hablamos con varios estudiantes y así se concretizó la idea para hacer una primera feria en la Catedral de Managua”, recuerda Ada. Se dividieron el trabajo, un grupo que se encargó de la logística, otro del transporte, algunos consiguieron el permiso del sacerdote para usar la iglesia y otra parte se encargó de reunir  a más excarcelados. 

El día 27 de febrero, el hijo de Ada fue liberado, así entre que los dos decidieron participar en las ferias haciendo pulseras, llaveros y aretes azul y blanco. 


“La vida me cambió como nunca imaginé”

Para Ada Laine, llegar al aula de clases, recibir a sus estudiantes y enseñarles a hacer cosas nuevas, era lo que la mantenía feliz, su trabajo además de ser un ingreso, le gustaba. “Lo que más extraño es a los niños”, confiesa. 

Cambiar su rutina de vida y adaptarse, fue algo que la dejó bastante mal emocionalmente, puesto que al principio no tenía idea de qué hacer para ganarse la vida y empezar la feria fue duro, no contaba con nada de dinero. “Ellos (el colegio) no me pagaron liquidación, fue difícil iniciar, lo que hice fue comprar  cinco yardas de nailon y así comencé”, narra.

Ahora, Ada considera que con cada artículo que vende puede hacer incidencia y protestar, además que eso le ayuda con los gastos de del día a día que necesita para sobrevivir. En un futuro, Ada quiere volver a impartir clases, hacer lo que le gusta y ganar su propio dinero. 


Estudiantes emprendiendo después de la cárcel 

Elí Díaz tiene  22 años, nació en Managua, desde los 12 años empezó a ayudar a sus padres con el negocio de la familia, que era matar cerdos para luego venderlos. “Yo le ayudaba a mi mamá a limpiar el cerdo, les extraía las tripas”, cuenta el joven. 

Desde el 19 de abril, Elí decidió unirse a las protestas ayudando a trasladar heridos. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

Estar rodeado de la muerte animal o la sangre nunca lo asustó, de hecho llegó a acostumbrarse a eso, por muchos años se dedicó a estudiar y trabajar. Antes de la crisis, Elí trabajaba por la mañana e iba a clases por las noches a la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI), donde cursaba la carrera de “Marketing y Publicidad”.

Desde el 19 de abril, Elí decidió unirse a las protestas ayudando a trasladar heridos y estudiantes de la UPOLI, puesto que en ese momento tenía a disposición un vehículo de su casa y vivía en las cercanías de la universidad. 

Conforme fueron avanzando los días, la protesta fue cada vez mayor, este estudiante decidió atrincherarse en la universidad y no volver más a su casa hasta el 9 de junio, fecha en que los jóvenes decidieron abandonar la UPOLI. 

Elí se trasladó a una casa en carretera Xiloa, para intentar refugiarse, pero alguien de esa zona lo denunció porque se dio cuenta que era nuevo en el barrio. “Una día que fui a comprar unos repuestos me agarró la Policía”, dice el joven. 

Elí se trasladó a una casa de seguridad  en carretera Xiloa. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

Primero lo trasladaron a la estación policial de Ciudad Sandino, luego fue llevado a El Chipote,  donde permaneció desde el 9 de junio hasta el 14 del mismo mes, día en que lo soltaron y lo dejaron en la Cuesta El Plomo, sin dinero, ni celular y tampoco identificación. 

“Tuve que pedirle ayuda a una señora para que me diera lo del pasaje”, recuerda el joven, así llegó a su casa, agarró sus cosas y se trasladó a un nuevo lugar. 


“Creí que me iban a violar”

Algo similar vivió Ericka Maya Zamora, de 19 años, estudiante de derecho en la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI). Ella decidió atrincherarse en la UPOLI a finales de abril, ayudando como auxiliar médico a los estudiantes, en ese momento aprendió a suturar y desinfectar las heridas. 

“Me uní porque no me gustó cómo trataban a los ancianos, después la represión de los estudiantes y luego los primeros muertos”, recuerda la joven, quien fue apresada el 22 de junio, después de una marcha organizada en la Catedral de Managua. 

“Yo creí que me iban a violar, me gritaban que era carne fresca”, rememora Ericka. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

“Yo creí que me iban a violar, me gritaban que era carne fresca”, rememora. A Ericka la trasladaron a El Chipote, donde permaneció desde el 18 de junio hasta el 20 de junio. “No tenían de qué acusarme, en mi mochila yo solo andaba el carnet de la universidad, dinero y  maquillaje, yo no andaba ni bandera”, indica la joven.


La feria y el futuro 

Estos dos jóvenes se involucraron en la feria de excarcelados, gracias al grupo de Unidad de Presos Políticos Nicaragüenses  (UPPN) quienes les hablaron del proyecto, así decidieron que este sería un medio para ayudarlos a sobrevivir. 

Ericka Maya sabía hacer bisutería desde antes de estar en la cárcel, así que no se le hizo difícil adaptarse. En el caso de Elí Díaz, él aprendió directamente desde prisión a hacer pulseras de nailon, artes de porcelana y llaveros para vender en la feria. 

Ericka Maya sabía hacer bisutería desde antes de estar en la cárcel. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

“Adaptarse a sobrevivir ha sido un reto, pero nos ha hecho madurar”, cuenta el joven. Agradece que la gente a pesar de estar en constante vigilancia policial, siguen llegando a los lugares donde se realizan las ferias para comprar los productos azul y blanco. 

Ambos esperan que esta forma de vida sea solo algo pasajero, puesto que en un futuro quieren terminar de estudiar y dedicarse a sus carreras, además de hacer su propio negocio que los ayude a mantener un mejor nivel económico. 

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