María Oviedo: “He querido declinar pero Dios tiene un objetivo para mí”

Cortesía / Maje
La abogada penalista, María Oviedo, cuenta de su vida en León, de sus metas a futuro y de las afectaciones emocionales que ha tenido después de varios meses luchando por los derechos humanos.

Es de sonrisa contagiosa y platica fácil, es abogada penalista pero en el último año se ha dedicado a defender los derechos humanos con el equipo de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH). Se trata de María Oviedo, una jurista originaria de León.

María Oviedo tiene 36 años, creció en las cercanías de la Catedral de León rodeada de un ambiente religioso. Dice no ser “iglesiera”, pero sí creyente. Sus primeros años de vida se desarrollaron entre las bandas rítmicas colegiales, las fiestas universitarias y la carrera de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León).

Fue educada bajo las figuras del respeto, la ética y  la moral por parte de sus padres. Su etapa colegial siempre la cursó en escuelas de monjas, primero en el Pureza de María, después en el Colegio la Asunción de León. 

Desde que tiene memoria, la abogada se recuerda como alguien extrovertida. Foto: Óscar Sánchez / Maje

Desde que tiene memoria, la abogada se recuerda como alguien extrovertida, que solía hacer amistades con relativa facilidad.
“Desde pequeña me gustaban los juegos considerados de hombres, como jugar a la pelota, no era mucho de muñecas”, recuerda Oviedo. Perteneció a equipos de baloncesto, también a la banda de guerra de su colegio, donde aprendió a tocar el redoblante.

Desde pequeña  a María Oviedo su mamá le decía, “a todo respondes, pareces abogada”. Al parecer esas palabras calaron tanto en ella, que a pesar de haber sido formada en una familia de médicos, cuando concluyó la secundaria estaba segura que quería ser abogada penal. “Como esas que salían en las series o películas”, comenta entre risas.


La universidad, entre el folclore y los estudios 


La etapa universitaria para esta leonesa fue “divertida”, puesto que disfrutó mucho de las fiestas. “Yo lo disfruté mucho, las fiestas de la elección de la chica derecho, la chica UNAN”, relata con cierta alegría en su rostro. 

La educación que recibió en la universidad, según ella, fue de calidad. Foto: Óscar Sánchez / Maje

Su etapa universitaria le abrió las puertas para conocer gente de varios departamentos del país, distintas formas de ser, además participó en grupos de folclore porque le gustaba bailar la música nicaragüense. 

La educación que recibió, según ella, fue de calidad. De hecho en la universidad fue donde empezó a leer más seguido. “Yo no estaba acostumbrada a leer tanto, eso fue una de las cosas más difíciles de la carrera, pero se aprende muy bien en el camino”, explica la abogada.

Desde muy joven, Oviedo supo que quería dedicarse a ser abogada penalista. “Miraba películas, series, me gustaba la posición de fiscal y del juez”, dice. Después de 11 años de trabajar para la Fiscalía Pública y de un año siendo parte del equipo de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), ella confiesa que su trabajo la ha llevado a tener momentos en los que no puede manejar tanto dolor. 


“Nosotros defendemos causas justas”


En primera instancia, siendo “joven y mujer” ganarse la credibilidad de las personas se le hizo muy difícil. “El respeto se gana con conocimiento”, indica Oviedo, pero como toda sociedad machista, “la mujer joven es tachada de mala”, afirma, por lo tanto le costó muchos años de trabajos poder ser tomada en cuenta para cargos importantes. 

Trabajando de fiscal en el Ministerio Público de Nicaragua, defendió casos de personas de  escasos recursos económicos. “La labor del fiscal es algo loable si se hace con responsabilidad”, dice. 

En el área pública, esta abogada conoció historias de víctimas que la conmovieron emocionalmente, tanto así, que después de varios años ejerciendo de fiscal su familia le pidió que dejara su trabajo. “Me marcó mucho la carga emocional de todas las víctimas, lo peor era que yo me llevaba mi trabajo a la casa”, narra.

Los abusos sexuales, los incumplimientos de deberes alimentarios, eran cosas que Oviedo no soportaba.

Sin embargo, estos primeros obstáculos en su carrera, solo eran una preparación de lo que se vendría después. Luego del 18 de abril de 2018, la abogada María Oviedo decidió abandonar el área pública del derecho e ingresar a la CPDH para defender los derechos de manifestantes nicaragüenses. 

“Nosotros defendemos causas justas”, dice la abogada. Confiesa que este último año tuvo que aprender a manejar el dolor de mucha gente y evita que su trabajo penetre demasiado en su vida personal. “Yo no sabía que existía tanta maldad”, expresa. 

En el área pública, esta abogada conoció historias de víctimas que la conmovieron emocionalmente. Foto:Óscar Sánchez / Maje

La idea de declinar en su defensa a los derechos humanos y dejar su trabajo ha estado presente en la mente de Oviedo durante las últimas semanas, sobre todo luego de haber sido apresada el 26 de julio en la delegación policial de Masaya por supuesta “obstrucción de funciones y amenazas” en contra de un policía. 

La abogada fue liberada dos días después. Confiesa que lo que más ha sentido en estos últimos días es impotencia en medio de tantas injusticias, pero la mantiene fuerte la convicción total que Dios tiene un propósito para ella. “Todo tiene su momento, Dios hace las cosas por algo”, dice mientras sonríe.


El amor que nació en León 


A esta abogada se le agiganta la sonrisa aún más cuando le pregunto por su esposo, a quien conoció en León cuando era universitaria.

Oviedo confiesa que el interés por una relación amorosa a ella le llegó muy tarde. Cuando era adolescente y sus amigas tenían novios, ella prefería pertenecer a los equipos deportivos  del colegio u organizar actividades de canto y baile. “Nunca tuve muchas relaciones de noviazgos serios”, relata. 

Su primer noviazgo comenzó cuando estaba en la universidad. Foto:Óscar Sánchez / Maje

Su primer noviazgo comenzó cuando estaba en la universidad, en aquel entonces en medio de una fiesta en la UNAN-León, un joven se le acercó para darle un recado. “Mi esposo me mandó a decir que si quería salir con él, en ese momento yo le dije que no”, cuenta. 

Pero el joven no desistió, le envió un segundo recado, esta vez con una amiga, así que ella accedió a salir. Se conocieron, fueron novios durante un año y después se casaron. “Yo lo admiro por su forma de ser, su ética, es una persona bien moral”, afirma la abogada cuando le pido que describa a su esposo. 

A futuro, espera seguir manteniendo su familia unida, cuidando de sus hijos para que sean personas de bien, “que luchen por llegar alto en la vida, quiero ayudarles a salir adelante”, dice. 

Esta leonesa a la que le gusta la música romántica, “pero la de antes”, espera seguir trabajando de forma profesional por sus defendidos. En un futuro no muy lejano quiere lograr uno de sus mayores sueños, algo que suena casi a utopía.

 Oviedo quiere construir una casa-hogar donde pueda alojar niños de la calle, brindarles comida, educación y un techo donde vivir. “Aunque sea viejita quiero lograrlo”, dice entre risas. Por ahora seguirá defendiendo la justicia en un país envuelto en una crisis sociopolítica que ha dejado muerte y dolor,  ella  solo espera que le quede tiempo para de vez en cuando, relajarse con sus amigos o familia,  en algún lugar “tranquilo” del país.  
 

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