Azahálea Solís: “Hay un feminismo joven que está reclamando espacios en Nicaragua”

Cortesía / Maje
En el contexto actual de crisis en el país, Azahálea Solís ha estado presente en las protestas desde el 18 de abril.

Azahálea Solís suele disfrutar las buenas novelas, los paisajes de playa y la música del español Joaquín Sabina. Es feminista, abogada y una de las mujeres que representa a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia. 

Uno de los más importantes recuerdos de infancia que tiene Azahálea, es una fotografía tomada en un foto estudio de Managua en el año 1959, cuando ella tenía tan solo meses de haber nacido. 

“Mi mamá me tomó una foto para llevársela de regalo a mi papá que estaba preso”, narra Azahálea. En esa época, como un bucle del tiempo que se repite en Nicaragua, la juventud de entonces luchaba contra el Gobierno de Luis Somoza Debayle, el primero de los somozas que acaparon la presidencia de Nicaragua a lo largo de 40 años.

Azáhalea siendo ya una joven consciente de la situación política que vivía el país años antes de la revolución sandinista. Foto: Cortesía / Maje

Esa fue la primera de muchas veces que el papá de Azahálea estuvo en prisión durante su lucha contra los somozas. A los 18 años, Azahálea siendo ya una joven consciente de la situación política que vivía el país, asumió la responsabilidad junto a su mamá, de visitar las cárceles de entonces para solicitar información de su padre cada vez que lo arrestaban. 

“Lo veíamos salir de la cárcel de Jinotepe, se lo llevaban para Managua a las Oficina de Seguridad Nacional (OSN), que actualmente se conocen como El Chipote”, relata. Es por eso que desde muy joven supo sobre discriminación política, violación a derechos humanos y Gobiernos autoritarios. 


Entre el tango y el bolero 

Azahálea Solís nació en la ciudad de Granada en 1959, meses después se trasladó a Tisma, un municipio de Masaya donde creció escuchando la música tango que bailaba su papá, los boleros que le gustaban a su mamá y las narraciones de guerra que hacía su abuela.

“Ella (abuela) contaba de la guerra de Mena”, explica Azahálea. La "guerra de Mena” fue un conflicto armado liderado por Luis Mena, General en Jefe de los Ejércitos Revolucionarios que lucharon contra el Gobierno de José Santos Zelaya desde 1909 hasta 1910.

Azahálea define su infancia como “una vida de pueblo”. Foto: Cortesía / Maje

Azahálea define su infancia como “una vida de pueblo”, en la que podía montar a caballo, oler el ganado y recibir mucho “amor, cariño y apoyo” de parte de su familia. 

Durante los primeros meses de vida de esta granadina, su papá estuvo en prisión y su mamá que trabajaba de maestra en una escuela de Tisma, fue despedida por la situación política de su esposo, eso significó que la mamá de Azahálea asumió los gastos de la familia sin tener un salario fijo. 

“Mi mamá tuvo que inventarse la sobrevivencia, así que puso una pulpería”, cuenta Azahálea, agrega que el trabajo de su mamá ayudó a la familia a forjarse de un patrimonio económico que le permitió acceder a educación de calidad.

La diversidad política en la familia de esta abogada, por el lado materno de tendencia somocista, mientras que en la parte paterna forjaron una rama conservadora que luchaba contra el Gobierno militar de la familia Somoza, permitió que desde muy pequeña Azahálea se enfrentara a las distintas realidades políticas del país, ella se inclinó casi siempre por desafiar el poder. 


Abril en Nicaragua 

Cuando el 18 de abril de 2018, muchos nicaragüenses decidieron salir a las calles para protestar en contra del Gobierno sandinista, Azahálea no dudó en unirse a la insurrección cívica. Ese día, desde en la mañana ella participó en un plantón realizado en las cercanías del Hospital Monte España y en la tarde se dirigió a Camino de Oriente, cuando le avisaron que una compañera feminista estaba herida. 

El 18 de abril Azahálea acabó en el Hospital Militar. Foto: Cortesía / Maje

Esa noche Azahálea acabó en el Hospital Militar, tomando fotos y levantando una lista de nombres de todos los heridos que llegaron al centro médico después de la protesta. Días después la feminista participó en varios plantones y protestas que se realizaron a nivel nacional en el mes de abril. 

El 24 de abril, desde la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), Azahálea recibió una llamada invitándola a pertenecer a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia y debutó como representante de la oposición de Nicaragua en el primer diálogo nacional, inaugurado el 16 de mayo del año pasado. “Desde entonces quedé integrada en la Alianza Cívica”, comenta Azahálea. 

En un principio, esta amante de la música del español Joaquín Sabina, formó parte de la Comisión de Verificación y Seguridad de la Alianza Cívica, luego se involucró en temas jurídicos, puesto que Azahálea es abogada de profesión. 


“De joven pensaba que el derecho podía ser un instrumento del cambio social”

Después de haber concluido sus estudios de secundaria en el Colegio Francés de Granada, Azahálea tuvo que decidir entre el periodismo y el derecho para comenzar una carrera. 

 

 

Al final eligió “Derecho”, porque de joven pensaba que ser abogada le permitiría convertirse en un instrumento de cambio social. Durante la carrera, Azahálea disfrutó sobre todo las clases de Derecho Constitucional y Derecho penal. “Tuve profesores de calidad”, dice la abogada, agrega que nunca le gustaron las materias de Derecho Civil, porque esas están relacionadas con la pensión alimenticia y de propiedad. 

La educación de Azahálea se vio interrumpida por el triunfo de la “Revolución Sandinista” en 1979, las metas de la joven se transformaron por el contexto político del país. 


“Teníamos una obligación de cambiar el país”

Tal y como vive el actual proceso político del país, en 1979 las metas de vida que tenía Azahálea Solís se transformaron totalmente, ella pasó de las aulas de clases a una comunidad en el municipio de Siuna, en la  Región Autónoma de la Costa Caribe.

En esemomento Azahálea era estudiante y se involucró en la Jornada Nacional de Alfabetización, una experiencia que ella considera fue muy importante para la juventud de su época, no solo por enseñar a leer y escribir, sino por descubrir realidades muy diferentes a la forma de vida en el pacífico. 

 

 

“Yo viví la revolución siendo muy joven, sintiendo que teníamos una obligación de cambiar el país”, relata Azahálea. Ella recuerda que vivió “la monstruosidad de los presos políticos y las muertes de la operación limpieza".

A pesar que actualmente la situación es distinta, en ese momento Azahálea admite que creyó en una revolución armada, puesto que se consideraba que el poder de la familia Somoza era tan fuerte, que no había otra manera de sacarlos de la presidencia. ”Sin embargo la dictadura de Somoza pasó 44 años, no es cierto que las luchas armadas son rápidas”, alega la feminista. 

Después de haber participado en las jornadas para cortar café y algodón, que eran parte de la etapa inicial de la Revolución Sandinista, Azahálea terminó su carrera universitaria y comenzó a trabajar en el Ministerio del Interior. “Ahí trabajé varios años hasta que  ingresé a la Auditoria Militar”, explica. 

En ese momento esta abogada trabajó con las denuncias que se realizaban en contra de miembros del Ejército de Nicaragua y personas del Ministerio del Interior. “Trabajé en cuestiones que tenían que ver con abusos y violaciones de derechos humanos”, indica Azahálea. 


El feminismo como estilo de vida 

En el año 1998, tras la denuncia de Zoilamerica Narvaez Murillo, hubo una ruptura total entre Azahálea y el partido sandinista. 

La portada del libro, que vendió más de 20 millones de ejemplares en todo el mundo. Foto: Cortesía / Maje

Esta reacción tajante y definitiva, está muy ligada a la educación feminista que Azahálea empezó a conocer a partir de los 18 años. En  ese entonces se encontró con un libro que la ayudó a construir la base feminista que actualmente es parte de su vida. 

“El feminismo llegó a  mi vida  por la vivencia personal, había cosas que no me gustaban, desde adolescente yo las notaba, pero no tenía la capacidad de darle un nombre”, recuerda esta abogada. A los 18 años en un supermercado de Managua, Azahálea se encontró con el libro “Mujeres”, escrito por la norteamericana Marilyn French.

La portada del libro, que vendió más de 20 millones de ejemplares en todo el mundo, era la imagen de un baño que tenía un letrero que decía “damas”, pero estaba tachado con la palabra “mujeres”, escrita con lápiz labial. “Las novelas de las buenas esposas de los sesenta, convertidas en las mujeres libres de los 70”, decía la portada del libro. 

Azahálea lo leyó y se dio cuenta de algunos puntos importantes relacionados a la diferencia entre la condición de ser mujer con respecto a ser hombre, a partir de entonces comenzó a leer más sobre feminismo. “Me di cuenta que yo tenía derechos, eso es muy importante, porque permite despertar la potencialidad que una mujer pueda tener”, relata la feminista.

A sus 60 años Azahálea espera tener tiempo para conocer Nicaragua. Foto: Cortesía / Maje

La abogada destaca que Nicaragua en temas de género todavía no está donde debería, sin embargo si lo comparan con 30 años atrás, resalta que hay avances porque ahora  existe una conciencia de género que antes no existía. “Hay un feminismo joven que está reclamando espacio”, dice. 

A  sus 60 años, Azahálea admite que sus planes de vida han cambiado radicalmente desde que se involucró en la lucha azul y blanco, pero espera en algún momento poder cumplir una de sus metas de vida, que consiste en conocer Nicaragua. “Me gusta el mar, los lugares de montaña, me agradan las zonas inexploradas, sobre todo las cascadas heladas”, dice, agrega que espera visitar estos lugares, sin tener la obligación de asistir a ninguna reunión. 

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