David Lizano: “Soy un preso de por vida”

Cortesía / Maje
Después de haber participado en las protestas, David Lizano recibió tres disparos que lo dejaron parapléjico.

Era la 1:45 p.m. del martes 15 de mayo de 2018 cuando la Policía Nacional de Matagalpa llegó hasta la zona del tranque en Las Praderas y comenzó a disparar en contra de los manifestantes, la mayoría salió corriendo en búsqueda de refugio, entre estos se encontraba David Lizano, de 33 años. 

Ese día, David corrió hacia la zona del puente colgante en Matagalpa, ahí fue donde alrededor de cinco policías lo detuvieron. “¿Vos hijue… estás participando?”, le preguntaron los policías a David, él por miedo respondió que no, que nunca había ido al tranque. 

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“Entonces corré”, le contestaron los policías. David obedeció e intentó correr, pero no avanzó mucho cuando sintió que le impactaron tres disparos en la parte trasera de su cuerpo, uno en su pierna derecha, otro en el costado izquierdo de su espalda y el último en la columna, quedando inconsciente en cuestión de minutos. 

David despertó del coma un mes después de haber sido atacado. Foto: Cortesía / Maje

David despertó del coma un mes después de haber sido atacado, no se acordaba de nada sobre su vida. “No sabía ni quién era”, dice. La peor parte fue cuando se dio cuenta que físicamente estaba parapléjico, no sentía la mitad de su cuerpo, del ombligo hacia abajo.


“En una situación así, hasta la muerte desea uno”


Fue hasta julio del año pasado cuando David Lizano retomó la consciencia, recordó quién era, qué le había pasado y cómo estaba la situación sociopolítica del país. “Caí en desesperación, quería levantarme para correr”, recuerda el matagalpino. 

Cuando comprobaba que no podía moverse, pensaba en que prefería estar muerto, porque desde ese día, David siente que está en una cárcel de por vida. “Si me tiraba al piso ahí me quedaba sin moverme”, dice. 

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A medida pasaron los días, en medio de la negación con que recibió su nuevo estilo de vida, David fue saliendo de la “oscuridad” en que se encontraba e hizo un pacto con Dios. Él siendo una persona creyente, decidió obsequiarle “al Señor”, como él le llama, todo su espíritu y su vida, a cambio le pidió a Dios fortaleza para soportar esos momentos de dura realidad.

En septiembre de 2018, David Lizano volvió a Matagalpa después de haber pasado tres meses internado en diferentes hospitales. Foto: Radio Vos / Maje

En septiembre de 2018, David Lizano volvió a Matagalpa después de haber pasado tres meses internado en diferentes hospitales. Primero estuvo en la Clínica Santa Fe, de Matagalpa; después en el Hospital Manolo Morales, de Managua y por último en una sala privada del Hospital Militar.

En cuanto volvió a Matagalpa, varios policías llegaron a su residencia para empezar una investigación en su contra. “Todavía me querían echar preso”, reniega Lizano, quien negó ante los oficiales haber defendido los tranques. Al ver su estado de salud, los policías desistieron de querer acusarlo.

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Aunque David no sabe quién fue exactamente la persona que le disparó, puesto que fue por la espalda, sí conoce a los policías que ese día se encontraban en el lugar donde le dispararon. “La primera vez que miré a uno de ellos (policías), sentí temor, después tuve ganas de salir corriendo y gritarle sus verdades”, indica David. 

Pero se arrepintió, porque pensó en que estas personas le pueden hacer más daño, así que no dejó que lo gobernara la ira. “Uno pierde el coraje y gana más el temor”, confiesa. David cuenta que ha recibido reproches por parte de la policía “ellos (policías) me han dicho que por qué no me dieron el disparo en la cabeza”, dice. 

A pesar de la situación, David continúa trabajando en su negocio, él tiene un tramo cerca de la salida Matagalpa-Managua, donde vende CD, accesorios para celulares y repara teléfonos. “Soy un soldado herido, pero sigo de pie”, alega. 


Una vida de trabajo 


David Lizano nació en Matagalpa, bajo los cuidados de su mamá y junto a las bromas de sus hermanos. De pequeño le gustaba jugar pelota con los niños de su barrio, pero la situación económica de su familia lo obligó a trabajar desde muy temprano.

A sus 14 años David dejó la secundaria, estaba en tercer año pero no logró terminarlo porque comenzó a trabajar. “Vendía lotería para ayudar a mi mamá”, recuerda el comerciante. 

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Dos años más tardes, decidió que las ganancias no eran suficientes y necesitaba más dinero, así que se trasladó a Costa Rica junto a un amigo. “Allá trabajé lavando carros”, relata. 

A los 19 años agobiado porque su situación económica no mejoraba, regresó a Nicaragua para reunirse con su familia. En ese entonces se dedicó a vender periódicos en las calles de su natal Matagalpa.

David Lizano nació en Matagalpa, bajo los cuidados de su mamá. Foto: Radio Vos Matagalpa / Maje

Su estadía en el país no duró mucho, en 2005 volvió a Costa Rica donde continuó lavando carros, pero esta vez estuvo por seis años en el país vecino, lo que le permitió ahorrar dinero e invertirlo en Nicaragua. David volvió al país para comprar una casa y montar un pequeño negocio de CDs y accesorios de celulares. 

De este mismo negocio, actualmente David no puede ocuparse totalmente. Sus incapacidades físicas le impiden trabajar tiempo completo y lo obligan a descansar, además que el continuo hostigamiento de la Policía le causa temor. “Voy al trabajo en silla de rueda, hay un muchacho que me ayuda pero cierro temprano por precaución”, relata David. 

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En un buen día, David vende alrededor de 500 córdobas, pero eso no sucede muy seguido, “solo como dos veces al mes”, explica. La mayoría del tiempo este comerciante alcanza a recoger 100 córdobas, que son lo necesario para comer y sobrevivir el día. 

Debido a su situación física y económica, David Lizano piensa que él es quien debería acompañar a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia en Estados Unidos, para denunciar los crímenes realizados por el Gobierno. “Yo tengo lesión de lesa humanidad, a mí me pueden escuchar”, piensa.


Entre la vigilancia y la coordinación en las protestas 


La primera protesta a la que asistió David Lizano, fue a la que se realizó en Matagalpa el 2 de marzo de 2018, lo hizo porque desde hace varios años había dejado de estar de acuerdo con el Gobierno sandinista. “En las elecciones de 2016 yo ya no voté, porque ya miraba muchas anomalías”, explica el comerciante.

Las manifestaciones continuaron en la ciudad de Matagalpa, tanto que en mayo se activó el tranque en la zona de Las Praderas, algunos de los que participaron en este tranque eran estudiantes parientes de David Lizano, así que le pidieron ayuda a él. 

David que estaba de acuerdo con la lucha de los estudiantes, decidió ayudarlos, sin saber que esa decisión le cambiaría la vida para siempre. 

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En el tranque, David se encargaba de hacer vigilancia y coordinación, es decir estaba pendiente de posibles ataques en contra de los manifestantes. Además cuidaba que no ingresaran infiltrados a la barricada. “Habían infiltrados, personas que hacían mal para que después le echaran la culpa a los del tranque”, relata.

Al ser preguntado sobre si se arrepiente de haber participado en las protestas, David es contundente y contesta que no. “Uno no se puede arrepentir, incluso a veces agradezco porque quizás hubiera sido yo uno de los muertos”, cuenta. 


David, a la espera de ver la “luz”


Para David la vida sigue, aunque a veces no le encuentra mucho sentido. “Es como que me hayan cortado la mitad del cuerpo”, dice. Relata que a veces quiere levantarse y caminar, pero se cae al suelo y de ahí no puede moverse.

Hace más de un año que la vida le cambió a David. Foto: Cortesía/ Maje

Hace más de un año que la vida le cambió a David,  no puede andar por la calle libremente, tanto por sus impedimentos físicos como por el hostigamiento policial. Sin embargo él todavía guarda esperanza que el futuro será mejor. 

A la espera que la situación sociopolítica del país cambie, David quiere seguir trabajando para sobrevivir económicamente. “Más adelante, si hay un cambio de Gobierno, yo espero que haya una indemnización para mí”, confiesa. 

Confía en que Dios hará el cambio en Nicaragua. “Espero que Dios le de consciencia a ese hombre (Daniel Ortega) para que se vaya”, dice, para así poder seguir trabajando y hacer crecer su negocio. “Yo espero en algún momento poder ver de nuevo la luz”, concluye David Lizano. 
 

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