El lado humano de Julio Montenegro, el abogado defensor de los manifestantes

Cortesía / Maje
El abogado Julio Montenegro, nos cuenta qué tan difícil ha sido llevar la mayoría de casos relacionados a las protestas de abril en Nicaragua.

El pasado 30 de mayo, mientras se realizaba una misa en la Catedral de Managua, el abogado Julio Montenegro lloraba “desconsoladamente” en las afueras de la Iglesia. Ese día, mientras las madres recordaban a sus muertos, el defensor explotó emocionalmente y lloró sin parar. “Ahí me pasé más o menos de 10 a 15 minutos llorando, era un cuestión que no paraba”, admite en esta entrevista.  

Llegó al templo con pocas energías, cansado de todo el desgaste físico y mental que le ha producido defender jurídicamente a la mayoría de manifestantes presos. Pero en ese mismo lugar fue testigo del cariño de la gente.

“La gente se me acercó, una persona me dijo que yo soy como un escudo para el pueblo”, recuerda el abogado. Confiesa que las palabras de ese día lo “derrumbó emocionalmente” y lo hizo pasar varios minutos llorando. 

Montenegro confesó que ha sufrido amenazas de ser apresado. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

Para este abogado defensor, de 57 años, los últimos meses han sido intensos. Ha sufrido amenazas, ha tenido miedo de ser apresado, pero también ha defendido con coraje a los que fueron encerrados. 

Hoy, al ver a la mayoría de sus acusados fuera de la cárcel, cuenta de forma abierta los momentos y las escenas que vivió en los juzgados. 

Este abogado, egresado de la Universidad Centroamericana (UCA) y con una vasta experiencia en varias áreas de la abogacía, ha llevado casos de robo con intimidación, casos de secuestro, fraudes, lavado de dinero, tráficos de drogas, pero nunca antes había defendido a tantas personas acusadas por el supuesto delito de terrorismo.

A lo largo de estos meses, el abogado Julio Montenegro se ha encargado de forjar una relación profesional y personal con los presos de las manifestaciones. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

Confiesa que asumió la defensa de la mayoría de casos judiciales de manifestantes por su propia decisión. “Yo miré una situación de necesidad, porque en estos casos muchos quedaron mudos, se quedaron callados y francamente las voces eran muy pocas”, dice. 

“Esto efectivamente tiene sus riesgos, por ejemplo sufrir asedio, amenazas de civiles armados o ver muerte y dolor”, cuenta Montenegro, pero asegura no se arrepiente de su decisión. Más bien planea seguir con la defensa de los derechos humanos, ahora que la mayoría de manifestantes salieron de prisión. 


“Los juicios solo los hemos experimentado los presos y yo”


A lo largo de estos meses, el abogado Julio Montenegro se ha encargado de forjar una relación profesional y personal con los presos.

Todos los juicios que defendió solo fueron presenciados por él y los manifestantes, pues por disposición de las autoridades judiciales las audiencias se hacían a puerta cerrada. Por lo tanto, tiene presente esos momentos de violencia, sufrimiento y miedo.

“Yo fui testigo de cómo los llevaban a los juicios (a los presos), con las esposas bien apretadas, demacrados, alterados psíquicamente”, cuenta. 

Hoy, al ver a la mayoría de sus acusados fuera de la cárcel, narra de forma abierta todas esas escenas que vio, pues durante las audiencias tuvo que guardar la compostura.

En algún momento llegó a tener miedo que lo metieran preso. En las salas de juicio Montenegro se sentía indefenso, no había medios de comunicación independientes y tampoco podía usar su celular. “Los jueces daban tres mazazos y me daban a entender que otra reclamación más e iba preso”, recuerda Montenegro. 

Para este abogado hay algunas situaciones que marcaron su relación con sus representados, como el hecho de pasar varios meses solicitando un corta uñas para Cristian Fajardo, quien anduvo con las uñas bastante largas por varios meses. “Casi le da una infección por eso”, comenta Montenegro. 

Para este abogado hay algunas situaciones que marcaron su relación con sus representados. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

En una ocasión, mientras estaba en el juicio del líder campesino Medardo Mairena, reconoció la voz de uno de sus torturadores, que resultó ser uno de los testigos de sus supuestos crímenes. “Son experiencias que solo pudimos vivir los acusados y yo”, alega Montenegro. 


A punto de tirar la toalla 


Durante este último año en que Montenegro se convirtió en el defensor de los “terroristas”, las “malas jugadas” en su contra han sido constantes. Por ejemplo, no dejarlo pasar a las audiencias de los juicios y después acusarlo de abandonar el caso fue algo que hicieron los jueces de manera reiterativa. “Eso me pasó con los juicios de Edwin Carcache y Miguel Mora”, indica el abogado. 

También hubo situaciones límites, como debates fuertes con jueces que defendían el sistema judicial. “Esos jueces decían que no se habían violentado los derechos humanos y durante las audiencias incluso hubo golpes en contra de un manifestante preso”, cuenta. 

Además, existían amenazas en redes sociales e intimidación en los juzgados. “Regaron papeletas con mi cara, acompañado de unas letras que me acusaban de defender a los violadores”, narra este abogado de 57 años. 

Este tipo de acontecimientos, hicieron que Montenegro pensara en algunos momentos en “tirar la toalla”, pero no lo hizo porque la situación del país se convirtió en un reto personal para él. 

“Hay una anécdota que me contaron los muchachos”, dice. Los manifestantes le comentaron que cuando el abogado tuvo la discusión con la jueza Adela Cardoza, que se volvió viral en redes sociales, los presos vieron el momento en la televisión y comenzaron a golpear las rejas en forma de alegría. “Algunos estaban fachentos porque decían que yo era su abogado”, dice entre risas.


Un nuevo inicio con los abogados defensores del pueblo 


Sobre su nueva etapa como abogado independiente, Julio Montenegro dice que el “chocoyo en cualquier árbol es verde” y todos estos meses de experiencia le sirvieron para crecer como persona y profesionalmente. 

Actualmente el equipo independiente a cargo del doctor Julio Montenegro son dos abogados laborista y uno que se desempeña en el área penal, después que se separaran de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH).

Hasta ahora, Montenegro y su equipo de abogados consiguieron un nuevo lugar para montar sus oficinas, de sus propios recursos sacaron para la papelería y la facilidad de movilizarse. “Hemos tenido la suerte que alguien nos ha apoyado para estar en este lugar, que está en construcción todavía”, confiesa Montenegro. 

Sobre su nueva etapa como abogado independiente, Julio Montenegro dice que el “chocoyo en cualquier árbol es verde”. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

Este defensor de derechos humanos agrega que ellos no han detenido los casos que ya llevaban en CPDH, de hecho la mecánica de defensa es la misma, tanto el área laboral como el área penal. “Hemos representado a la gente con nuestros propios recursos”, dice este abogado de 57 años. 

Para Montenegro, las horas de trabajos han sido intensas desde que comenzó a defender a los manifestantes, tanto que en ocasiones debe trabajar en la madrugada para intentar encontrar una respuesta a las situaciones de los presos. “Puedo tener mis ratos de calma, pero hay momentos que todo se me suma”, narra el doctor, originario del departamento de Matagalpa.

Confiesa además, que cuando comenzó con toda la situación de las protestas, nunca pensó en que se convertiría en alguien con relevancia en medio de la crisis del país. 


La separación de la CPDH 


Cuando Julio Montenegro ingresó en la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), lo hizo por el llamado de su antiguo compañero de secundaria Marcos Carmona. 

Julio Montenegro decidió separarse de la CPDH. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

“Fui llamado para formar parte de un comité para investigar sobre las personas que habían fallecido, habían sido torturadas o lisiadas, pero en cuestión de dos meses  cambiamos el perfil y comenzamos a realizar cosas judicializados, donde muchas personas que habían participado en las protestas se les arrestó”, explica Montenegro. 

Sin embargo, meses después las diferencias entre Montenegro y la CPDH fueron evidentes. Según explica el abogado, en la institución se le intentó censurar, eso es algo que él no permitió. 

“Una vez que a mí me contratan yo represento a las personas privadas de libertad, de tal manera que si hay una información que yo requiero dar a una institución para que esto sea en beneficio de ellos (presos), no la puedo negar”, admite Montenegro. 

Por último, la participación de Montenegro con un grupo de abogados nicaragüenses que realizaron una ruta jurídica para que los manifestantes presos fueran liberados sin necesidad de la Ley de Amnistía, un proyecto  presentado el 21 de mayo, terminó de deteriorar la relación entre Montenegro y la CPDH. 

“A mí me designaron como la persona que conteste  a los medios de comunicación sobre las rutas jurídicas y eso me costó el puesto”, declara el abogado Montenegro, quien también estudió la Carrera de Comunicación Social.


El cambio de vida 


La diferencia de vida que lleva Julio Montenegro ahora, es algo que él nunca imaginó, salir a la calle y que la gente lo salude, le brinden palabras de aliento o simplemente le sonrían, es un aliciente para su trabajo.

También existen las situaciones que lo sorprenden de manera negativa, “la gente me pregunta que por qué no tengo guardaespaldas”, indica Montenegro, además, de manera recurrente le lleguen muchos mensajes en redes sociales en donde lo amenazan de muerte. “Veo algunos mensajes de gente que no está contenta con mi trabajo”, dice Julio Montenegro. 

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Sin embargo él continúa realizando su trabajo lo mejor que puede, de hecho el abogado comentó que entre sus defendidos recientemente se han sumado algunos comunicadores sociales como Jackson Orozco o Jaime Arellano. 

Sobre las amenazas y las críticas, el responde que tiene mucha estimación de los ciudadanos y de las personas que ha representado, “el resto no me importa”, concluye.

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