Yubrank Suazo: en las celdas del infiernito bailaba folclore

Cortesía / Maje
El líder de Masaya Yubrank Suazo, nos habla de su vida antes de las protestas y de sus planes a futuro con respecto a la lucha azul y blanco en Nicaragua.

Yubrank Suazo es uno de los líderes azul y blanco en Masaya, tiene 29 años, intentó estudiar Medicina pero se cambió de carrera y acabó graduándose en Psicología. Como buen masaya,  aprendió a bailar folclore desde los ocho años; confiesa que en las oscuras celdas de La Modelo, marcaba los pasos de las piezas tradicionales de marimba que escucha desde que era un niño.

A Yubrank se le recuerda, entre otras cosas, por proclamar a Masaya territorio libre del “Gobierno” en el mes de junio, cuando las barricadas, protestas y plantones eran el pan de cada día en la "ciudad  de las flores". 

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Según Yubrank, esa fue una decisión que tomaron desde el Movimiento 19 de Abril, porque en Masaya no había servicio de agua ni electricidad. “La situación que estábamos atravesando como municipio era bastante caótica, por lo tanto había que darle respuesta a esa emergencia”, dice. 

A Yubrank se le recuerda, entre otras cosas, por proclamar a Masaya territorio libre. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

Debido a que fue el Movimiento 19 de Abril quien le dio respuesta al pueblo de Masaya, ellos decidieron proclamarse independiente del “Gobierno”, en medio de la situación de violencia. “Fueron tiempos difíciles para todas las familias de Masaya, no había en ese momento una hora de paz, todo era zozobra y ansiedad”, recuerda Yubrank.

El joven admite que nunca se vio como un líder, pero las circunstancias lo obligaron a actuar hasta convertirse en un referente dentro de la lucha. “Simplemente actué dada las circunstancias, había muchas necesidades en Masaya que resolver,  cuando se levantaron las barricadas nos damos cuenta que era necesario conseguir víveres y crear puestos médicos”, explica Yubrank, conocido en gran parte de su ciudad, por provenir de una familia de artesanos. 


El orador, alias Augusto C. Sandino 


Yubrank Suazo nació el 29 de septiembre de 1990 en Masaya, en el seno de una familia de artesanos, productores de hamacas, famosas en gran parte de la ciudad. Desde pequeño Yubrank era un niño aplicado en el colegio, aunque él defiende que no era “un ratón de biblioteca”. 

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De joven estuvo influenciado por la religión católica, porque sus madrinas eran representantes religiosas que pertenecían a la orden “Josefinas de la Caridad”. “Desde ahí comencé mi crecimiento espiritual en el aspecto de la fe”, recuerda el joven amante de la música salsa.

La escuela secundaria despertó en Yubrank su liderazgo. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

La escuela secundaria despertó en Yubrank su liderazgo, en cuarto año fue secretario de la directiva del Colegio Bautista, ya desde entonces estaba comprometido con causas sociales, usualmente visitaba escuelas de escasos recursos para ayudar con víveres. “Siempre fui un estudiante que si consideraba que algo no era correcto, lo denunciaba”, afirma Yubrank. 

En el último año de secundaria, este joven participó en un concurso de oratoria en su colegio, en el que decidió hablar sobre la libertad, en ese momento usó el seudónimo de Augusto C. Sandino. “Alcancé a que mi colegio consiguiera el premio a nivel departamental, fueron una competencia de oratorias que impulsó el Ministerio de Educación (MINED)”, dice el joven, quien aclara que nunca perteneció a ningún partido político. 


La casa de sus abuelos, quemada totalmente 


Yubrank asegura que a lo largo de su vida, siempre ha sentido el apoyo de sus padres, quienes fueron pieza fundamental en los días más críticos de la violencia de las protestas, como aquel 4 de julio de 2018, cuando lo llamaron a eso de las dos de la madrugada para avisarle que habían quemado su casa.

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La última vez que Yubrank Suazo estuvo en su casa, fue el 21 de junio de 2018, día en que los obispos de la Conferencia Episcopal viajaron hasta Masaya para intentar mediar en el conflicto de los protestantes y la Policía Nacional. 

Ese día el líder comenzó a resguardarse en casas de seguridad por las amenazas que recibía, la más constante era que le quemarían la casa. “Me tocó separarme de lo que más amo, mi familia, eso fue lo más doloroso para mí”, confiesa. 

En la madrugada del 4 de julio, un amigo lo llamó para decirle que mirara las noticias. “Él me dijo ‘tu casa’, cuando él dijo eso el resto venía por añadidura”, recuerda el joven líder de Masaya. 

En ese momento Yubrank intentó saber sobre su familia, llamó a su hermana, pero ella no contestó. Este psicólogo recuerda que en medio de su desesperación trató de calmarse, y para ello comenzó a orar. 

“Después llamé a mi primo que vive al otro lado de mi casa, no se me olvidan las palabras de él que me dijo, nos quemaron las casas, entonces yo pensé que no les bastó con una, sino que se llevaron dos casas más”, dice Yubrank, quien recalca que su familia es artesana y ese día perdieron todos los productos para su trabajo. 

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Yubrank indica que un día antes del incendio, sus padres decidieron dejar esa casa. “Al principio no querían, pero nos reunimos todos los hermanos y los convencimos”, confiesa el manifestante. 

Yubrank asegura que a lo largo de su vida, siempre ha sentido el apoyo de sus padres. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

La casa que fue calcinada en ese julio, representaba para la familia de Yubrank mucha historia, era la casa donde habían vivido sus abuelos, donde nacieron sus hermanos y él, donde han crecido sus sobrinos, además fue en ese lugar donde prosperó el negocio de artesanía.


“Tiraron camisas mojadas con gasolina”


Según los relatos de los vecinos, el día que quemaron la casa de Yubrank, llegaron algunos motorizados y camionetas de la Policía Nacional, lo primero que hicieron fue quebrar las puertas para poder entrar a la propiedad. “Mi primo, quien vivía al otro lado de mi casa, me dijo que a él lo despertó un gran ruido como si estaban derrumbando las puertas”, relata Suazo. 

Minutos más tarde, se escuchó según le comentaron a Yubrank, que andaba gente en el cuarto del joven. “Se escuchaba que quebraban vidrios y después miraron el humo”, dice el manifestante.

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Yubrank agrega que en casa de su primo tiraron varios trapos empapados de gasolina y después una bomba molotov pero no explotó, “sino hubiera sido peor el incendio”, admite el joven. 

Yubrank indica que un día antes del incendio, sus padres decidieron dejar su casa. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

En esos días de amenazas constantes y de la violencia totalmente desencadenada, Yubrank tuvo que salir de Masaya, refugiarse en otros  departamentos del país, entre estos Chichigalpa, un municipio de Chinandega. 

Mientras Yubrank se resguardaba en este municipio, un lunes 10 de septiembre decidió hacer algunas compras en el Mercado Municipal, pero el joven no acabó con su objetivo. “En el mercado llegó una patrulla de policías armados,  me rodeó y me quitaron el celular y la billetera”, recuerda el líder de las protestas. 


“Las heces se regaban en toda la celda”


En primera instancia, Yubrank Suazo estuvo ocho días en El Chipote, en la celda número ocho, donde el agua potable llegaba tres veces al día y cuando lo hacía inundaba la prisión. “La llave del grifo no servía, entonces las tres veces que llegaba el agua al día, se me inundaba la celda, yo permanecía la mayor parte del tiempo en el segundo camarote, porque también la letrina estaba taqueada, entonces las heces se regaban en toda la celda, ahí tenía que sobrevivir, no había de otra”, narra Yubrank. 

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El 19 de septiembre, a Yubrank lo trasladaron a la cárcel La Modelo, donde estuvo primero en la Galería 16 y después lo trasladaron a la celdas de la 300. “Ahí las condiciones eran totalmente ‘fallucas’ como dicen los reos comunes”, comenta Yubrank entre risas, porque  no tenían acceso a la luz, a información y muchas veces ni siquiera al agua. 

Para soportar esas condiciones, este joven se refugió en su religión. “Aguanté con la oración, sin eso quién sabe qué sería de mí”, agrega que él oraba por la mañana, al medio día y en la tarde rezaba el Santo Rosario. 


“El florista” Yubrank Suazo 


La primera carrera universitaria que Yubrank decidió estudiar fue Medicina,  pero cuando este joven realizó sus primeras prácticas, se percató que había mucha necesidad en esta carrera. “En clases nos decían que limpiáramos las heridas con algodón, con alcohol y utilizáramos guantes, pero cuando llegabas al centro de salud,  tenías que usar algodón y agua hervida”, recuerda Yubrank, por lo que decidió cambiarse de carrera. 

Llegó a la Universidad Centroamericana (UCA), con la idea de estudiar Comunicación Social, pero no alcanzó cupos, así que ingresó a la carrera de Psicología. “Yo pensaba estar un cuatrimestre y después pasarme a Comunicación”, confiesa Yubrank, sin embargo no sucedió así. 

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El joven se graduó de la Carrera de Psicología en la UCA, durante sus estudios, le llamó la atención la Psicología Social, porque analizaban los procesos sociales y políticos de la historia de Nicaragua. Desde entonces este psicólogo se interesó por el estado de la política en el país. 

Actualmente este joven psicólogo está contento por haber salido de la cárcel. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

Cuando salió de la universidad, decidió dedicarse al diseño floral, de hecho hizo varios cursos sobre este tema y logró formar una empresa que se llamaba  “Pétalos y ramas”.

“A mí me decían si era florista, no era así, yo era un creador de emociones”, aclara Yubrank, porque le gustaba ver las emociones con que la gente recibía los regalos florales los días 14 de febrero o días de las madres. “Ver las reacciones de las personas, la resonancia que producía me gustaba”, resalta. 

Actualmente este joven psicólogo está contento por haber salido de la cárcel y de ver las muestras de cariño del pueblo. “Me sorprendí de ver tanta gente en mi recibimiento”, comenta. 

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Confiesa que el día de su liberación, descargó todas las ganas que tenía de bailar folclore, porque él es un amante del baile de negras y de la marimba. “En la cárcel cuando me tocó estar en el infiernito bailaba solo, extrañaba el baile”, dice el psicólogo. 

Yubrank ahora se encuentra con esperanzas de seguir en la lucha, espera que pronto Masaya vuelva a ser la misma de antes, “así bullanguera y alegre”, cree que a pesar del sufrimiento y del luto, su pueblo de Masaya seguirá adelante, “como siempre”, concluye el joven. 
 

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