Mansión Teodolinda, la casa familiar que se convirtió en hotel

La Mansión Teodolinda fue una casa familiar que se convirtió en una referencia en Managua.

En el año 1934, en medio de las pequeñas casas de Managua se construyó una de las infraestructuras más lujosas de la época, la Mansión Teodelinda, hoy popularmente conocida como Mansión Teodolinda.

De tres plantas, 32 habitaciones, una cancha de tenis y una piscina, la enorme casa fue construida para que la familia González, originaria de Diriamba, se trasladara a vivir a la capital. Pero eso solo quedó en planes, la mansión nunca fue habitada por sus propietarios José Ignacio González Parrales y Teodelinda Montiel, más bien, fue alquilada y fungió como escuela. Años después, como un hotel que hoy ya está clausurado.

Los objetos que adornaban  la mansión eran de bastante valor monetario. Foto: Cortesía / Maje

Esta es la historia de una de las edificaciones de la antigua Managua, que mantiene su referencia en la actualidad.

32 habitaciones desocupadas

El nombre de esta construcción se eligió en honor a la matrona de la familia González, Teodelinda Montiel,  una mujer que según recuerda su nieto Alfredo González Holmann, era fuerte de carácter y muy devota de la religión católica.

En la Nicaragua de 1955, Teodelinda se encargó de los negocios de su familia, entre ellos las fincas de café que tenían en varios departamentos del país. Su trabajo y consistencia la llevaron a tener como homenaje el nombre de la gran casa familiar.

“Grabaron en cemento en la parte superior de la casa, el nombre de Teodelinda”, recuerda Alfredo González.

Nació como Mansión Teodelinda, pero luego fue nombrada Mansión Teodolinda. Foto: Cortesía / Maje

La familia González vivió casi toda su vida en el centro de la ciudad de Diriamba, a pesar que la mansión era una de las más lujosas en el país, nunca fue habitada. A Teodelinda no la gustaba vivir fuera de su pueblo, así que no se trasladó a la capital. Su esposo, José Ignacio González Parrales construyó la edificación con la idea de habitarla y vivir en Managua.

Según González Holmann, a su abuelo le gustaba viajar, durante su luna de miel se dedicó a  recorrer Europa.

José Ignacio estudió en una Universidad de Nueva York y en 1899 se graduó de médico. A pesar de sus conocimientos en medicina, se desempeñó como empresario de café.

Además de la Mansión Teodelinda construyó El Gran Hotel y todos los Cines González que existían a nivel nacional.

Con la muerte del señor José Ignacio en 1957, la Mansión Teodelinda fue heredada por su hijo José Ignacio González Montiel, él al igual que su padre nunca usó la mansión para vivir, más bien decidió alquilarla.

De Teodelinda a Teodolinda

Gracias a su indudable elegancia y lo grande que era la “Mansión Teodelinda”, pronto se convirtió en un punto de referencia para los capitalinos.

Entre los años 1967 y 1972 la mansión se llenó de vida con el Colegio Pureza de María, que alquiló las instalaciones y echó a andar la escuela. Unos años atrás, en 1944, el Colegio Americano también había ocupado las 32 habitaciones como centro de estudios.  

Después del terremoto de 1972, la estructura del edificio sufrió graves afectaciones, así que los dueños decidieron derrumbarlo completamente.

Por mucho tiempo la referencia de la “Mansión Teodelinda” solamente era un terreno vacío que recordaba la enorme casa que había estado en el lugar, hasta que en los años 90 la familia González decidió vender el terreno.

Los nuevos dueños de la propiedad construyeron el “Hotel Mansión Teodolinda”, cambiando así el nombre original de doña Teodelinda Montiel. 

El Hotel Mansión Teodolinda cerró operaciones en mayo de 2018. Foto: Cortesía / Maje

Actualmente la mansión tiene 42 cuartos, sigue siendo un punto de referencia histórico para los capitalinos, sin embargo, el 25 de mayo anunció el cierre de sus operaciones por la crisis sociopolítica que enfrenta el país.

Sobre Teodelinda, la matrona de la familia González

En una ocasión, su rol como mujer administradora de los negocios la llevaron a vivir discriminación, según cuenta su nieto González Holmann, ella llegó a un local para comprar un tractor y nadie la quería atender por ser mujer. “Ella se fue donde el gerente a decirle que solo tenía ‘pendejos’ atendiendo”, recuerda.

Además del tiempo para su familia y los negocios, Teodelinda vivía la religiosidad con mucho afán, tanto que en 1953 donó un altar de mármol a la iglesia de la Basílica de San Sebastián de Diriamba, templo que ella visitaba constantemente.

“El altar es de la Virgen de María Auxiliadora y al pie de la estatua está grabado en el mármol un reconocimiento para ella (Teodelinda)”, indica su nieto Alfredo González Holmann.

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