Leo Navarrete: “la guerra es un monstruo horrible”

Cortesía / Maje
El excarcelado Leo Navarrete fue parte del Servicio Militar, perteneció al Ejército y participó en las protestas que nacieron en abril en Nicaragua.

Leo Navarrete Lumbí tiene 51 años, su rostro ha visible en los últimos meses porque ha sido apresado y excarcelado en cuatro ocasiones por participar de las protestas antigubernamentales.

Este ex combatiente creció en el Barrio Berta Rivas de Managua, era según su descripción, “un niño necio”. Con tan solo 16 años ingresó al Servicio Militar Obligatorio en los años 80. Vivió “el monstruo de la guerra” y posteriormente fue miembro de las tropas especiales del Ejército de Nicaragua.

“Don Leo”, a como le llaman la mayoría de sus amigos, se muestra serio y cauteloso en primera instancia. El sol, el trabajo y la guerra han dejado marcas visibles en su cuerpo. “Mi vida es muy larga”,  dice cuando le pido que me hable de él, pero no tarda en acceder y con una sonrisa empieza a contarme.

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La historia de este hombre tuvo sus primeros pasos en un colegio cercano a su casa, en la Escuela Cuatro de Mayo, ahí encontró amigos del barrio con los que jugaba todos los días. Cinco años después dejó  su colegio y comenzó su secundaria en el Modesto Armijo Lozano.

Leo solo  cursó primer año, después tuvo que involucrarse en la guerra de los 80. Foto: Óscar Sánchez / Maje

Solo cursó primer año, porque la guerra del país lo obligó a dejar sus estudios y “servir a la patria”, comenta. El Servicio Militar Obligatorio en el país se prestaba desde los 17 años, pero Navarrete decidió ir a la guerra con 16 años. “Yo lo elegí, supuestamente para servirle a mi país”, dice.

“El monstruo de la guerra”

“Los jóvenes íbamos a morir a la montaña”, relata Navarrete, agregando que él no quiere volver a esos tiempos porque “la guerra es un monstruo feo”, apunta. No solo afecta a la persona que está en la guerra, sino a la familia que lo rodea, detalla.

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Navarrete era el único de sus hermanos que aún estaba en Nicaragua en los 80, por lo que prestó el Servicio Militar solo. Fue herido de bala en la mano, donde todavía conserva un balín en su dedo medio y tiene una cicatriz en su pierna derecha, producto de un “refilón de bala”.

Este ex combatiente estuvo cuatro años en el Ejército de Nicaragua. Foto: Cortesía / Maje

Este ex combatiente estuvo cuatro años en el Ejército de Nicaragua. Se preparó en campos de práctica situados en Granada, en el Volcán Mombacho, en Carazo y en Montelimar.

Con el tiempo se hizo miembro de las tropas especiales del Ejército. “Éramos especialistas en francotiradores, en poner bombas, sabíamos de toda la artillería pesada, anduvimos en infantería aérea y marítimo”, recuerda Navarrete.

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A pesar de haber participado en el Servicio Militar voluntariamente, las ideas de Leo Navarrete fueron cambiando poco a poco. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) atribuía la guerra de Nicaragua a los norteamericanos.

A pesar de haber participado en el Servicio Militar voluntariamente, las ideas de Leo Navarrete fueron cambiando poco a poco. Foto: Óscar Sánchez / Maje

“Decían que luchábamos contra el yankee, enemigo de la humanidad”, cuenta el ahora excarcelado. Sin embargo, mientras estaba en el campo de batalla, Navarrete notó que quienes morían eran los nicaragüenses. “Nos estábamos matando entre los mismos hermanos”, alega.

Por ello decidió darse de baja en el Ejército y comenzó a trabajar con la Unidad Nacional Opositora (UNO), en 1990. “En aquel entonces había un terror horrible a la bandera blanca”, recuerda.

“Agarrar armas sería manchar la memoria de nuestros muertos”

Para Leo Navarrete, los jóvenes que perdieron la vida durante las protestas de abril, dieron una ofrenda de vida que no puede ser manchada con violencia. “El legado que nos dejaron los muertos es hermoso, una lucha sin armas”, explica muy seguro Navarrete.

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Este excarcelado piensa que actualmente la comunidad internacional apoya la lucha azul y blanco porque no hay guerra. “La violencia solo favorecería a Daniel Ortega, tenemos que demostrar que somos mejores y no nos matamos entre nosotros mismos”, afirma.

Navarrete recalca que él les explica a los jóvenes estudiantes, con quienes estuvo atrincherado,  por qué no deben alzarse en armas. “Yo hablo con los chavalos, los jóvenes a veces son impulsivos, pero la guerra es un monstruo horrible”, dice con propiedad.

Entre la mecánica y el trabajo

“Yo toda mi vida he trabajado”, cuenta Leo Navarrete. Después del triunfo presidencial de doña Violeta Chamorro en 1990, comenzó a trabajar vendiendo verduras y pollo en el mercado Oriental.

Durante la guerra de los 80; “nos estábamos matando entre los mismos hermanos”, alega Navarrete. Foto: Cortesía / Maje

Luego aprendió de mecánica. “Puedo reparar desde una moto hasta un camión”, expresa. Leo también realiza trabajos de electricista, fontanero, inclusive estuvo un tiempo en el campo sembrando maíz y tomate.

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Actualmente Navarrete no recibe una pensión del Instituto Nicaragüense de Seguro Social (INSS) porque nunca trabajó para una empresa, él construyó su propio taller de mecánica, pero por ahora está detenido porque la situación que vive el país lo afectó directamente.

A Navarrete lo metieron a la cárcel por primera vez el 14 de octubre del año pasado, después de una marcha realizada en Camino de Oriente. Lo liberaron el cinco de abril de este año, pero lo apresaron de nuevo el cuatro de mayo pasado para liberarlo días después.

Mientras estuvo preso, lo mantuvieron en una celda aislada, con las esposas puestas y una lámpara encendida todo el tiempo.

Lo que más le preguntaron a este manifestante de 51 años era que dónde estaban las armas. “Quizás el interés de ellos (gobierno) es que creen que soy líder, pero no sé”, confiesa Navarrete.

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Él espera que pronto llegue el día en que Nicaragua tenga un presidente preparado académicamente. “No pido a alguien como yo, pido a una persona estudiada”, afirma Navarrete. Tiene la esperanza de un presidente para el que sea un honor servir, “espero que sea una buena persona y ayude a la gente”, concluye.

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