Familiares de los primeros muertos de abril, entre la furia y el dolor, claman por justicia

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A un año de abril, los familiares de los jóvenes asesinados durante las protestas en Nicaragua siguen sin obtener justicia.

Cada vez que Carlos Pavón pasa cerca de la Alcaldía de Tipitapa siente “ira, rencor y coraje”, porque en ese lugar murió asesinado su hijo, Richard Eduardo Pavón, el primer asesinado durante las protestas en Nicaragua. Su hijo tenía 17 años y cursaba quinto año de secundaria. 

“Me siento impotente, pero no haré lo mismo que le hicieron a mi hijo, porque eso no me devolverá su vida”, afirma Carlos Pavón, de 39 años. 

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Según su padre, Richard quería culminar su secundaria, estudiar inglés y cumplir 18 años para conseguir su primer trabajo. “Él (Richard) decía que iba a construir su casa, que no se iba a quedar en este barrio”, recuerda. 

Richard quería culminar su secundaria y estudiar inglés. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

El 19 de abril en horas de la noche, Carlos regresaba de su trabajo cuando un grupo de jóvenes llegaron a su casa para avisarle que su hijo había recibido un disparo. “Los chavalos dijeron que lo balearon frente a la Alcaldía, porque andaban en las protestas”, relata Carlos. 

A Richard lo llevaron al hospital Yolanda Mayorga de Tipitapa. Carlos tomó un taxi y se dirigió  al centro hospitalario. 


El último cumpleaños de Jeisson 


Jeisson Chavarría tenía 24 años cuando fue asesinado. Había celebrado su cumpleaños el 14 de abril de 2018. Ese día, igual que en años anteriores, el joven llegó a la casa de su tía Felicita Urbina para celebrar.

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“Vino a mi casa para celebrar su cumpleaños, sin saber que ese cumpleaños sería el último”, dice entre lágrimas. 

Jeisson trabajaba conduciendo una moto taxi en el municipio de San Pedro Apóstol de Ticuantepe. Foto: Cortesía / Maje

Jeisson trabajaba conduciendo una moto taxi en el municipio de San Pedro Apóstol de Ticuantepe, era muy conocido en su comunidad. En años pasados había participado junto a su tía en los actos organizados por el partido sandinista. 

El 21 de abril en el municipio de Ticuantepe, como en varios otros pueblos de Nicaragua, se organizaron protestas en contra del gobierno sandinista y a Jeisson se le ocurrió participar en una de su pueblo. 

Horas más tardes, un grupo de jóvenes llegaron a casa de Jeisson avisando que él había recibido un disparo. “Llegaron unos muchachos a decirme que lo asesinaron a quemarropa”, narra su Felicita. 

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Según lo que le comentaron aquella noche a Felicita, su sobrino junto a otros protestantes iban corriendo porque policías y antimotines los iban siguiendo, pero Jeisson se cayó, “él (Jeisson) rogó que no le dispararan, pero ellos le dieron un balazo en la cara”, cuenta su tía.


Una denuncia sin respuesta 


El viernes 20 de abril, comenzaron las protestas en la ciudad de Estelí, Franco Valdivia Machado, estudiante de Derecho, decidió participar y horas más tardes fue asesinado. 

Franco Valdivia Machado, era estudiante de Derecho. Foto: Cortesía / Maje

El sábado 21 de abril, su hermana Francys Valdivia, quien es abogada de profesión, se presentó ante la Policía Nacional para interponer la denuncia. “Solicité además que el médico forense practicara la autopsia porque teníamos el cuerpo de mi hermano en la casa”, explica Francys. 

Sin embargo, la denuncia no fue aceptada y se negó el oficio de realizar la autopsia. Para intentar obtener justicia, la familia de Franco recurrió a la Fiscalía para poner la denuncia, pero la respuesta fue la misma. 

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Trece días después de la muerte de Franco, la Fiscalía decidió realizar la autopsia, la familia del joven también contrató a un médico de confianza para realizar los exámenes. “Nosotros queríamos saber la verdad”, confiesa Francisca Machado, madre de Franco. 

La familia de Franco Valdivia no ha recibido una respuesta sobre quién asesinó al joven estudiante. Foto: Cortesía / Maje

Los resultados de la autopsia que realizó la Fiscalía fueron totalmente secretos, pasaron de los doctores a los juzgados. “Nos prometieron que nos iban a entregar una fotocopia de ese examen, pero al final no lo hicieron”, comenta Francisca Machado. 

Sin embargo, la familia realizó su propia autopsia. Los resultados fueron contundentes.  Franco murió de un disparo que entró por el ojo izquierdo y quedó alojado en la parte derecha de su cabeza, una herida de arriba hacia abajo. “Es decir que  la trayectoria de la bala indica que quien disparó estaba situado dentro de la Alcaldía de Estelí”, expresa Francys Valdivia, hermana del joven.

A pesar de haber realizado la denuncia días después del asesinato, ha pasado un año desde aquel fatídico abril y la familia de Franco Valdivia no recibe una respuesta sobre quién asesinó al joven estudiante. 


“Si tengo que morir por mi sobrino, lo voy a hacer”


En una situación similar se encuentra la familia de Jeisson Chavarría, el joven que murió el 21 de abril, su familia interpuso la denuncia días después de su muerte y desde el Ministerio Público les informaron que llegarían a su casa para entrevistar a los testigos, pero nunca se aparecieron.

 “Si me toca morir por mi sobrino, lo voy a hacer”, dice Felicita. Foto: Cortesía / Maje

La familia del joven denunció a dos personas en específico; Erick Sandoval, un sandinista de Ticuantepe y a Jony Acevedo, policía del mismo municipio. Cuando el joven murió, un grupo de amigos le contaron a la familia cómo sucedió la situación y quiénes fueron los que dispararon. 

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“Le dijimos al Ministerio Público que vinieran, porque los testigos están, si vos preguntas en todo Ticuantepe quién asesinó a Jeisson Urbina, la gente te responde Erick y Jony”, afirma Felicita Urbina, tía de Jeisson. 

Esta mujer espera que la justicia llegue pronto a las familias de los asesinados, sobre todo a la suya. Ella está segura de quiénes fueron los autores del asesinato de su sobrino. “Lo lamento por las madres que solo saben que un policía o un paramilitar asesinó a su hijo, pero nosotros sí sabemos quiénes fueron”, expresa Felicita. 

Agrega que a pesar de las amenazas que su familia ha tenido, ella seguirá exigiendo justicia por su sobrino. “Si me toca morir por mi sobrino, lo voy a hacer”, dice Felicita. 


El duelo no superado 


“Lo extraño mucho, era un joven con gran amor al prójimo, no le hizo daño a nadie nunca” explica Socorro Corrales Pérez, de 53 años, madre del estudiante Orlando Pérez Corrales, asesinado la noche del 20 de abril en Estelí.

Orlando cursaba quinto año de la carrera de Ingeniería de Energías Renovable. Foto: Cortesía / Maje

Orlando cursaba quinto año de la carrera de Ingeniería de Energías Renovable en la Universidad Nacional Autónoma -Farem de Estelí, su meta era desempeñarse como ingeniero en el Ingenio Montelimar, lugar donde realizó sus pasantías, además soñaba con comprarse una casa en el municipio El Crucero de Managua.

Su madre confiesa que desde el 20 de abril, ella no ha tenido tiempo para el duelo, porque desde que sepultó a su hijo no ha parado de denunciar su muerte para pedir justicia.

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Al siguiente día del asesinato del joven, su hermana Aracely Pérez Corrales se encargó de interponer la denuncia, fue hasta la Policía de Estelí, donde habló con el capitán Gary Kirkland y el comisionado mayor Alejandro Ruiz Martínez. 

La respuesta de las autoridades en ese momento fue que nadie tiene derecho a quitarle la vida a otra persona. “Me dijeron que ellos iban a investigar”, recuerda Aracely, de 33 años.


La bala en el pecho 


A pesar de la “positiva” recepción de la denuncia, las investigaciones del crimen se comenzaron a realizar 13 días después del asesinato del joven. 

Las investigaciones del crimen se comenzaron a realizar 13 días después del asesinato. Foto: Cortesía / Maje

La autopsia realizada entre médicos de Medicina Legal con un médico de confianza de la familia, arrojó que Orlando recibió dos disparos, uno en el pecho y otro en el mentón, la trayectoria de la bala iba de arriba hacia abajo y todavía estaba alojada en el cuerpo. 

El joven murió por shock hipovolémico, es decir el corazón dejó de recibir suficiente sangre. “El asesino de mi hermano tenía una posición privilegiada y sabía perfectamente lo que estaba haciendo”, afirma Aracely.

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Según esta familia, ellos tienen testigos en el caso, quienes indican que el disparo que asesinó a Orlando salió de la oficina del asesor del alcalde de Estelí, Víctor Ruiz.

Muchos de los familiares de los asesinados, tuvieron que salir de Nicaragua. Foto: Alejandro Sánchez / Maje

“La verdad es que no se sabe quién disparó el arma, pero sí se sabe que el disparo salió de la oficina de Víctor Ruíz”, explica Aracely, agregando que todavía su familia no ha podido vivir el duelo con tranquilidad, porque siguen sin recibir respuesta por parte de las autoridades nicaragüenses. 

Estas dos mujeres tuvieron que salir de Nicaragua el 12 de julio de 2018, actualmente se encuentran exiliadas en Estados Unidos, porque después de la muerte de Orlando, ellas decidieron apoyar las marchas exigiendo justicia pero empezaron a recibir asedio en su casa, llamadas y mensajes amenazándolas de muerte. 


“Mi hijo fue acribillado a balazos”


En el caso del asesinato de Richard Pavón, su padre Carlos Pavón cuenta que la Policía atendió el caso casi al instante de la muerte de su hijo. Pero desde el 19 de abril que ocurrió el crimen, él no ha tenido respuesta de las autoridades. 

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“El mismo día que lo matan, la Policía levantó la denuncia”, recuerda Carlos. La Policía llegó al hospital y le informó que ellos ya habían levantado la denuncia, pero nunca le dieron copia de esta. 

“Ese día estuvo hasta Sonia Castro, ministra de salud”, relata. 

“El mismo día que lo matan, la Policía levantó la denuncia”, recuerda Carlos. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

Este padre cuenta que él no quería mandar el cuerpo de su hijo Richard Pavón a Medicina Legal, pero lo convencieron que sí lo hiciera porque necesitaban eso para realizar la investigación del crimen. 

Richard tenía balas en varias partes del cuerpo, desde un balazo en la mejilla derecha, una bala en el hombro y además tenía cinco orificios de bala en la espalda. “A él lo acribillaron, no fue por asustarlo o una bala perdida”, afirma Carlos. 

Tres semanas después del asesinato, Carlos fue a la Policía para preguntar por el caso y le informaron que el crimen estaba siendo investigado por la Fiscalía de Tipitapa, pero un año después, la familia del joven no ha obtenido una respuesta sobre quién asesinó al joven.

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“La gente que estaba con él ese día, habla que es alguien de la Alcaldía de Tipitapa, pero el caso está engavetado”, dice Carlos.


La última conversación con Richard 


El 19 de abril por la mañana, Carlos Pavón se levantó temprano para ir a su trabajo, antes de salir de su casa pasó por el cuarto de sus hijas y miró a Richard durmiendo al lado de sus dos hermanas. 

Según organizaciones de derechos humanos, hubo más de 500 muertos en Nicaragua. Foto: Bismarck Picado / Maje

“Ándate a tu cuarto sin vergüenza”, recuerda Carlos que le dijo ese día, incluso le dio una nalgada para levantarlo, después salió de su casa y no volvió hasta la noche, minutos antes que asesinaran a su hijo. 

A un año de este crimen, el duelo para esta familia ha sido duro. En los días posteriores a la muerte del joven, Carlos junto a su esposa e hijas decidieron dormir todos en el mismo cuarto para apoyarse y disminuir el dolor. 

“Hace unos días sus hermanas decidieron moverse  a sus cuartos, pero dejaron la cama de él (Richard) desocupada, la arreglan todos los días”, cuenta Carlos Pavón, para quien el duelo ha sido muy difícil, tanto así que confiesa tuvo que pedir subsidio en su trabajo. 

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“Estos días los he pasado en la casa, mis niñas en clases, mi esposa trabajando, yo doy vueltas en la casa, a veces lo veo (a Richard), yo a diario lo lloro”, confiesa este papá, quien siente que es un dolor inmenso del que no puede liberarse, lo único que espera es que exista justicia.


Denuncia internacional 


Los cuatro casos de estos jóvenes asesinados en abril, fueron denunciados por sus familiares a nivel internacional. 

Recibieron las denuncias los organismos de derechos humanos como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), El Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua (MESENI), la Organización de Estados Americanos (OEA) y la visita de los eurodiputados de la Unión Europea. 

Después de una investigación, la CIDH concluyó que el Estado de Nicaragua hizo un “uso excesivo de la fuerza, principalmente, a través del uso de armas de fuego”. 

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Desde el Meseni se observó “serias vulneraciones en el acceso a la justicia y el derecho a la verdad de las víctimas y familiares, que se reflejan principalmente en la falta de diligencia del Estado de investigar las muertes”.

Desde el GIEI fueron todavía más contundentes informando que “el Estado de Nicaragua cometió crímenes de lesa humanidad”, mientras que desde la Unión Europea denunciaron “graves violaciones a los derechos humanos, en un contexto de fuerte represión”. 

Para Francys Valdivia, hermana de Franco Valdivia, la pérdida de su único hermano es dolorosa no solo por la muerte, sino por la falta de justicia. “Nuestra vida nunca más será igual”, afirma la joven de 26 años.

Los caídos de las protestas del 19 y el 20 de abril

Aracely Pérez, hermana de Orlando Pérez, recuerda constantemente que 20 minutos hicieron la diferencia entre la vida y la muerte de su hermano. Ella estaba junto a Orlando en la manifestación del 20 de abril, ellos decidieron irse del lugar, pero él se regresó para dejar agua a los demás protestantes y en ese momento lo asesinaron.

Desde el GIEI  informando que “el Estado de Nicaragua cometió crímenes de lesa humanidad". Foto: Bismarck Picado / Maje

Para Felicita Urbina, la peor parte del duelo por su sobrino ha sido tener que “aguantar el cinismo del Gobierno hablando de los muertos de abril”, confiesa. 

En el caso de Carlos Pavón, para intentar disminuir él prefiere recordar algo más positivo de su hijo. “Le gustaba jugar futbol,  también le gustaba tocar en la banda rítmica de su colegio”, dice intentando dar una sonrisa. 

Estas familias se encuentran entre la rabia y la esperanza de encontrar un día, justicia para los jóvenes que murieron en aquel fatídico abril. 
 

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