Mi primera vez en una marcha en Nicaragua

Cortesía / Maje
Para muchos jóvenes, la manifestación que llegó hasta la UPOLI fue la primera marcha a la que asistieron.

“Antes de abril yo nunca había ido a ninguna protesta de ningún partido”, me dijo un ex atrincherado estudiante de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), quien el 23 de abril del año pasado, decidió junto a un amigo, aventurarse a participar en la marcha que fue convocada por el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep).

Este joven tiene 22 años, estuvo atrincherado en la UNI y en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua). 

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Este estudiante, a quien llamaremos “Comandante bambú” por motivos de seguridad, estuvo más seguro de querer marchar después de escuchar el discurso del presidente Daniel Ortega el domingo 22 de abril, cuando anunció se derogaba la Ley de las reformas al Instituto Nicaragüense de Seguro Social (INSS).

Un día antes de la marcha, el presidente Ortega derogó la Ley del Seguro Social. Foto: Bryam Martínez / Maje

La derogación de la Ley no era suficiente, dice. “Pasaron hechos violentos el 19 y 20 de abril en la UNI, miré sangre, eso trauma” relata el ex atrincherado.

Según el estudiante, todo lo vivido en su universidad le sirvió para darse cuenta quiénes eran los buenos y los malos, por eso el 23 de abril llegó a Metrocentro a las 2:00p.m. 

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El recorrido de la marcha en primera instancia era llegar hasta la rotonda Cristo Rey, sin embargo la gente decidió cambiar la ruta y caminar hasta la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI). “Cuando comenzamos a marchar parecía que nunca terminaría”, recuerda el joven.

El recorrido de la marcha en primera instancia era llegar hasta la rotonda Cristo Rey, sin embargo la gente decidió cambiar la ruta y caminar hasta la UPOLI. Foto: Cortesía / Maje


“Ese día no habían policías”


Ruiz, quien prefiere omitir su nombre completo por razones de seguridad, tiene 22 años y el 23 de abril se unió a la manifestación como una autoconvocada más. 

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Ella no había planeado asistir a la marcha, pero mientras caminaba hacia su casa después del trabajo, se dio cuenta que la manifestación era enorme. “Ese día no habían policías”, recuerda la joven, por ello decidió sumarse. “Tenía el instinto de querer pertenecer del lado de las personas que exigían justicia”, dice. 

El 23 de abril fue un día de sentimientos encontrados. Foto: Cortesía / Maje

La joven recién se había graduado de la Universidad Centroamericana (UCA), por lo tanto se identificaba mucho con los sentimientos de libertad que los estudiantes tenían. A pesar que Ruiz llegó sola a la manifestación, no tardó demasiado tiempo en encontrar a conocidos, familias y amigos que la unieron al grupo.


El ambiente entre la alegría y el dolor 


El 23 de abril fue un día de sentimientos encontrados, por un lado, muchos de los que participaron en la marcha expresaron su alegría, su sarcasmo, había unión, fuerza y solidaridad con los estudiantes. 

Sin embargo, también se sentía dolor por los primeros muertos, la consigna decía “eran estudiantes, no delincuentes”, se cantaba con sufrimiento y tristeza. 

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Estos jóvenes recuerdan que la calle de la universidad  UPOLI estaba llena de llantas quemadas, varias casas tenían los vidrios rotos, mientras muchos chavalos con sus rostros tapados, estaban en el techo del edificio de la UPOLI y en los portones de la universidad. 

La  gente en la marcha cantaba consignas y entonaron varias veces el Himno Nacional. Foto: Cortesía / Maje

Se escuchaba constantemente el grito de; “prohibido grabar con los celulares”. La emoción de los atrincherados era evidente, realmente quien  era parte de la marcha y todos los que se unieron regalando agua o agitando sus banderas al paso de la manifestación, se sorprendieron de lo enorme que llegó a ser esta primera gran protesta. 

Ese día “Comandante bambú”, recuerda que estaba ligado de la espalda y los brazos, porque un día antes estuvo tirando morteros y piedras en su universidad, pero le dio mucha alegría ver la cantidad de gente que se desbordó para asistir a la marcha y no sintió los 6.8 kilómetros caminados. 

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Ruiz recuerda que durante todo el camino hacia la Upoli, la gente en la marcha cantaba consignas y entonaron varias veces el Himno Nacional. “Confieso que nunca había sentido tanta emoción de cantar el Himno, la piel se me puso de gallina y se me salieron un par de lágrimas”, relata Ruiz. 


Solidaridad con los estudiantes 


Esta joven explica que la gente cuando miró las condiciones que tenían los jóvenes de la UPOLI, apoyaron más a los estudiantes,  muchas personas se lamentaban  que los jóvenes estuvieran obligados a luchar, pero según Ruiz, había una gran esperanza que Daniel Ortega abandonara el poder pronto.

Ese día Ruiz miró varias situaciones que la hicieron soñar con un país mejor. “En la marcha miré a compañeros de clases que eran sandinistas, pero apoyaban la marcha por considerarla justa”, explica.

“Las señoras salían de sus casas a darles agua a los manifestantes”, agrega Ruiz. 

Esta marcha fue la primera masiva y quizás la que mostró a la gente que quienes no estaban de acuerdo con el gobierno, eran muchos. 
 

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