Un año después de abril, así resisten los manifestantes desde las cárceles de Nicaragua

Los manifestantes presos en la galería M16 y M17 denuncian torturas, confiesan la gallardía de las protestas dentro de prisión y nos muestran la escuela política que puede ser la cárcel.

“Me hicieron desnudarme, amarraron mis partes íntimas a un mecate y luego lo jalaron fuerte”, este es parte del relato de un excarcelado que estuvo en una de las celdas del Sistema Penitenciario La Modelo, quien prefiere el anonimato porque le avergüenza la humillación que vivió en la cárcel.

Entre las tantas celdas que tiene la cárcel para hombres La Modelo, está el módulo 1 y módulo 2 de la galería M16 donde están encerrados los manifestantes que fueron apresados en el contexto de las protestas.

Desde la cárcel, así conmemoran un año de crisis en Nicaragua

Los presos encerrados ahí están “por orden presidencial”, según le dijeron en la prisión al excarcelado Heynard Baltodano, estudiante de Diseño Gráfico en la Universidad de Ciencias Comerciales (UCC).

Heynard fue apresado el nueve de septiembre después de la marcha de los globos. Foto: Cortesía / Maje

Los camarotes  en las celdas son de madera, dentro hay permanente oscuridad, por eso hay muchos zancudos y animales como alacranes. La puertas son de metal, “no entra aire, ahí te morís de calor”, describe Heynard, quien fue apresado el nueve de septiembre después de la marcha de los globos.

En este módulo de La Modelo estaban algunos manifestantes como los estudiantes Levy Rugama, Friedrich Castillo Huete, Luis y Bryan Quiroz, Otoniel Espinoza y  el psicólogo Roger Martínez, entre otros presos que todavía siguen en la cárcel como Nahiroby Olivas, Byron Estrada, Brandon y Glen.

Edwin Carcache, papá y líder

Dado que la mayoría de los reos de las protestas están juntos, “solo a Edwin Carcache lo mantienen en celdas de máxima seguridad”, comenta otro excarcelado Otoniel Espinoza, de 25 años.

Las protestas dentro de la cárcel

Según Otoniel, la conversación más recurrente entre ellos es la situación política de Nicaragua. Dentro de prisión hay optimismo y resistencia pese al encierro, según cuenta.

Hace unos meses, cada mañana los presos cantaban el Himno Nacional. Foto: Cortesía / Maje

Hace unos meses, cada mañana los presos cantaban el Himno Nacional, también algunas músicas de protestas como “Vivirás Monimbó”. “Los reos comunes también cantaban con nosotros”, recuerda el joven de 25 años.

También “poníamos banderas afuera de las celdas y botellas pintadas de azul”, narra Otoniel.

Familiares de manifestantes presos, en ansias y sufrimiento esperando la liberación

Una de las protestas más grande que Otoniel recuerda, fue cuando los prisioneros lograron subirse al techo de la prisión para cantar algunas de las consignas de abril. “Nosotros lo sentimos normal, como si estuviéramos en una marcha”, relata el excarcelado.

¿Ya se murió?

Debido a las protestas que constantemente realizaban los jóvenes dentro de la prisión, muchos de ellos fueron castigados siendo llevados a la celda de máxima seguridad conocida como “la 300”.

Levy fue uno de los presos castigados en el infiernillo. Foto: Cortesía / Maje

“Es la cárcel que le dicen El Infiernillo” explica Heynard Baltodano, quien una noche estuvo en ella después de una protesta, durmió de píe con las esposas puestas, como una forma de castigo por haber organizado la manifestación.

Levis Rugama, el joven escultor acusado de “terrorista”

En varias ocasiones este joven llegó a su celda con heridas y moretones luego de haber sido golpeado, sus compañeros debían darle de comer en la boca porque “no tenía fuerza para hacerlo solo”, admite Heynard, quien sufría de convulsiones debido a las golpizas de los guardias.

Una de las situaciones que más marcaron a Heynard, fue sufrir convulsiones en la celda, cada vez que esto sucedía, sus compañeros gritaban a los guardias para que llegaran a darle asistencia médica.

Byron Estrada, de estudiante aplicado a “terrorista”

Después de varios minutos la única respuesta de la policía era preguntar ¿ya se murió? “Los chavalos le respondían vulgaridades porque se enojaban”, confiesa el estudiante de Diseño Gráfico. Este joven admite que a pesar de estas adversidades “nunca le mostramos miedo a la guardia”.

La represión en las celdas

En una ocasión, a los reos encerrados en la galería M16 de La Modelo,  los iban a cambiar de celda, pero ellos no quisieron trasladarse de lugar, así que comenzaron a protestar en los pasillos de la cárcel.

Ese día los guardias del Sistema Penitenciario los atacaron con gases lacrimógenos para obligarlos a volver a las celdas, los reos respondieron con algunos objetos de uso personal como jabones o candelas, explica Otoniel.

El enfrentamiento duró alrededor de dos horas, la cárcel terminó rodeada por policías armados con AK y  hubo un diálogo entre presos y autoridades.

Nahiroby Olivas, uno de los mejores estudiantes de derecho, acusado de terrorismo

Este ha sido uno de los momentos más tensos que han vivido los manifestantes desde que fueron apresados.

La primera mujer presa de las protestas

Nelly Roque tiene 27 años, vive en Matagalpa, estudió la carrera de Agronomía en la Universidad del Norte de Nicaragua (UNN) y se describe como feminista.

Las presas también organizaban protestas en la cárcel La Esperanza. Foto: Cortesía / Maje

A pesar que Nelly creció en una familia de ideología sandinista, ella desde hace varios años no cree en ningún partido político. A las únicas marchas que había asistido hasta antes del 18 de abril, eran a las manifestaciones feministas y ambientalistas.

El 26 de junio de 2018 fue apresada junto a otros compañeros del Movimiento 19 de Abril de Matagalpa, ella se dirigía hacia Managua para una reunión con autoconvocados de la capital, cuando un grupo de simpatizantes del gobierno detuvieron su vehículo en el empalme de Darío, la arrestaron y la trasladaron a El Chipote.

Amaya Coppens, la joven belga-nicaragüense acusada de terrorismo
 

“Ese día yo pensé que me iban a matar, creí que aparecería mi cuerpo desnudo en un lugar vacío. Me imaginé todo eso, entonces no sentí miedo, solo estaba esperando”, recuerda Nelly.

La Esperanza es una prisión color verde,  las celdas miden 4x8 metros, tienen ventanas en la parte superior. Foto: Cortesía / Maje

Nelly fue trasladada de El Chipote a la cárcel La Esperanza, ella era la primera mujer arrestada por protestar. “Creo que los policías no sabían qué hacer conmigo” afirma.

Cuando llegó a la cárcel La Esperanza, Nelly se sintió bastante mal. “Yo pensé que nadie iba a venir a pedir por mi libertad, creí que ahí me iba a quedar”, confiesa la feminista.

“Peligro terroristas”

La Esperanza es una prisión color verde,  las celdas miden 4x8 metros, tienen ventanas en la parte superior que la mayoría del tiempo permanecen cerradas. A Nelly la metieron en una celda aislada de las presas comunes.

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Durante los primeros días las presas comunes miraban de forma curiosa a Nelly, hasta que se atrevieron a preguntarle “¿vos sos la de Matagalpa?”, ella respondió que sí, a partir de ese momento hubo un grupo de presas que le aconsejaron mantenerse apartada de las demás reas.

Junto a Nelly estaban algunos rostros conocidos como Amaya Coppens, estudiante de León o Irlanda Jerez. Foto: Cortesía / Maje

“Me recomendaron que no comentara nada de las protestas, porque en la prisión habían varias presas sandinistas”, recuerda Nelly.

Conforme fueron pasando los días, llegaron más manifestantes a la cárcel, hasta que se convirtieron en 17 mujeres en un espacio muy reducido. “No había lugar para caminar”.

Junto a Nelly estaban algunos rostros conocidos como Amaya Coppens, estudiante de León; Irlanda Jerez, María Dilia Peralta y Solange Centeno Peña. La joven cuenta que alrededor de su celda la policía puso una cinta amarilla que decía “peligro”, mientras las guardias cuidaban la puerta decía “son peligrosas, son terroristas”, según el testimonio de Nelly.

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Muchas guardias pasaban frente a su celda para gritarles “mi comandante se queda”, “las vamos a golpear” y  otras vulgaridades, comenta la ahora excarcelada.

Las conversaciones de estas presas todos los días giraban en torno a la posibilidad de salir, había días en las que todas se desanimaban y pensaban que no lograrían la libertad hasta el año 2021. “Todas nos teníamos que animar”, relata.

El pan de cada día en la cárcel

“La protesta es el pan de cada día en la prisión” dice Nelly. En La Esperanza las mujeres todos los días cantan el Himno Nacional, también otras canciones como “Solo le pido a Dios” y “Nicaragua Nicaragüita”.

Además estas mujeres dibujaron la bandera de Nicaragua con papel y lápices de colores que sus familiares les llevaron. “Las pegábamos en las ventanas de la celda”, relata Nelly. Días después la policía llegó a las celdas para llevarse los colores.  

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La última protesta que Nelly recuerda fue la del ocho de marzo, con algunos colores que les sobraron de la requisa anterior, las mujeres hicieron rótulos que decían “abajo el gobierno machista de Daniel Ortega”, “no a la violencia contra la mujer” o “libertad para las mujeres”. “Siempre pedíamos por nuestros derechos”, cuenta Nelly.

Además recuerda que las guardias que se mostraban de acuerdo con ellas (presas), fueron despedidas de sus trabajos.

¿La cárcel, una escuela política? 

Según Otoniel Espinoza, gran parte del tiempo en la cárcel sirve para hablar mucho, las discusiones de los presos giran en torno al futuro de Nicaragua. “Hablamos de lo que podía y no pasar en Nicaragua”, relata.

“La protesta es el pan de cada día en la prisión”. Foto: Cortesía / Maje

Otoniel confiesa que dentro de la prisión los jóvenes llegaron a entender que el pueblo tiene dos opciones con este gobierno, “la primera es aguantar hasta las elecciones de 2021 y la segunda es alzarse en armas contra el gobierno. Lo que quiere Ortega es que esto termine en guerra”,  relata Otoniel Espinoza.

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A pesar de la situación difícil por la que estaban pasando, los presos también tenían tiempo para hablar sobre pláticas amorosas. “Hablábamos de nuestras novias, pensábamos en qué podían estar haciendo”, confiesa Heynard Baltodano entre risas.

Dentro de la cárcel les prohíben ver noticias, así que los jóvenes se imaginaban qué podía estar pasando afuera de la cárcel,  “pensábamos en que el pueblo iba a abandonarnos”, dice Heynard.

Las protestas en Nicaragua cumplen un año de haber comenzado. Foto: Cortesía / Maje

Este estudiante admite que en varias ocasiones se sintió decepcionado del poco avance que había en las negociaciones entre la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia y el gobierno sandinista.

Con el objetivo de estar mejor informados y darle seguimiento a la negociación, algunos presos aprendieron lenguaje de señas carcelario, así los reos comunes les decían las noticias del país, porque ellos sí podían leer el periódico o incluso ver televisión.

“Cuando se anunció la excarcelación, ellos (reos comunes) nos gritaron que íbamos a ser libres”, recuerda Heynard.

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Antes de salir de la cárcel, los presos acordaron recordar que a pesar de los diferentes grupos que se han formado durante la lucha de abril, no se debe olvidar que todos están luchando por la bandera azul y blanco.  “Es ahora cuando tenemos que estar más unidos que nunca”, afirma Otoniel Espinoza.

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