Jóvenes venezolanos: “la generación de las alas cortadas”

Incertidumbre, esperanza y migración. El desafío de ser joven en Venezuela.

Su rica gastronomía, destacados deportistas, artistas y profesionales, la creatividad de los diseñadores y el brillo de los certámenes de belleza, alabados por muchos y criticados por otros; era lo que se me venía a la mente cuando escuchaba hablar de Venezuela.

Desde hace unos años, este panorama cambió, cuando escucho la palabra “Venezuela”, la relaciono a una crisis que ha carcomido la economía de este país, separado familias, provocado muertes y trancado los sueños de muchas personas, especialmente los jóvenes.

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La situación de este país se ha tornado cada vez más oscura. En una entrevista para Maje, dos jóvenes venezolanos me comentaron cómo les ha afectado esta crisis.  

“El calorcito venezolano”

Daniel Alvarado, es un joven venezolano profesional del Derecho, lo que más le gusta de su país es la amabilidad de las personas. “Siempre estamos buscando una excusa para alegrarnos, para ayudarnos mutuamente, claro, con sus contadas excepciones”, comenta este joven de 29 años.

Daniel en una marcha contra el gobierno de Maduro. Foto: Cortesía / Maje

Pero actualmente no hay muchos motivos para celebrar. La rutina de la mayoría de los venezolanos es salir a trabajar para conseguir algo de dinero y poder llevar la comida  a la mesa, esto se vuelve más complejo cada día.

“A pesar de que muchos tratan de mantener ese ánimo, es una tragedia lo que se vive día a día en el tema de salud, con el transporte, con el dinero, con la educación”, asegura Daniel.

Las arepas, un lujo

Una de las comidas tradicionales de Venezuela es la arepa, elaborada a base de harina de maíz, esta puede estar rellena de queso y otros ingredientes. Sin embargo, la harina no se encuentra en todos los supermercados y, en los pocos lugares donde hay se consigue a precios muy elevados.

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El salario mínimo en Venezuela ronda los 18 mil bolívares. “Una bolsa de harina cuesta 5 mil bolívares, prácticamente el 30 por ciento de tu salario”, detalla.

Protestas en Venezuela y Nicaragua. Foto: Cortesía / Maje

Según información recogida por el diario El Comercio, 500 gramos de mantequilla cuesta 2.135 bolívares, un kilo de detergente 4.900 bolívares, un kilo de pasta cuesta 4.490.

Daniel recalca que los productos se consiguen en Venezuela, pero a precios que son imposibles de adquirirlos, al menos para el ciudadano que tiene un salario mínimo y debe llevar el alimento a sus hogares.

El desafío de ser joven

La incertidumbre de no saber qué decisiones tomar en un país que vive una de las peores crisis económicas de América Latina, afecta a la mayoría de los jóvenes venezolanos. Algunos tienen el deseo de quedarse y esperar que la situación mejore en los próximos años, otros tienen como meta buscar mejores oportunidades en el extranjero.

Daniel dice que no saldrá de su país. Foto: Cortesía / Maje

A la iglesia donde asiste Daniel llegan varios jóvenes. Casi a diario escucha a estudiantes que no van a continuar con la universidad porque no pueden asumir los gastos. “El mayor desafío que tienen los jóvenes es saber que si continúa el gobierno de Nicolás Maduro, ellos no tienen futuro”, recalca.

Este profesional del Derecho clasifica las universidades venezolanas en tres grupos: las universidades privadas donde no existen ningún tipo de censura en la educación, las universidades públicas pero autónomas donde también hay libertad de cátedra pero muy pocos recursos y las universidades bolivarianas donde existe propaganda política y están parcializadas.

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Debido a la gran diáspora que ha sufrido Venezuela, hay oportunidades de empleo en varias empresas, pero estos no son fáciles de adquirirlos porque los empleadores solicitan muchos años de experiencia.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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A esta generación de jóvenes venezolanos se les conoce como la “generación de las alas cortadas”, porque no pueden volar para cumplir sus sueños, asegura Daniel.

Entre los planes de Daniel no está salir de Venezuela, a pesar que su familia ha tenido que emigrar a Europa y otros países de Sudamérica. “Soy de los que mantiene que no me voy de mi país, que se vayan ellos”, dice.

Una salida a la crisis…

Este joven describe al gobierno de Nicolás Maduro como el peor en la historia de su país. “La salida de Maduro la veo cada día más inminente, no te puedo negar que a veces pierdo la esperanza, pero lo que ha pasado en estos últimos meses me hace ver que es imposible que él se sostenga en el poder. Maduro está solo, lo apoyan las armas”, afirma Daniel.

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Considera que en Venezuela no existen dos presidentes, solo hay uno, el otro solo está usurpando el puesto (Maduro).  Daniel asegura que ha seguido la carrera de Juan Guaidó (presidente interino) desde antes que fuese un rostro conocido.

“A Guaidó le tocó un momento histórico y lo está sabiendo agarrar, es la esperanza encarnada de miles de venezolanos, es un hombre más para mí, pero hoy en día se gana todo el respeto y admiración de los que hacemos vida en Venezuela”, añade.

Casi tres años lejos de su tierra

Roberto Blanco, tiene 27 años de edad, es originario de Santa Cruz de Aragua, Venezuela. Lleva dos años y 11 meses viviendo en Costa Rica, tuvo que emigrar por la crisis que azota su país.

Roberto protestando en Costa Rica. Foto: Cortesía / Maje

Las reuniones en familia, las playas de Choroní; observar a la gente en el malecón mientras compraban diseños artesanales de locales y el encanto de las costas venezolanas, son algunos de los recuerdos que de infancia que aún están presentes en este joven.

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Es profesional del Derecho, desde los 16 años empezó a involucrarse en temas de activismo, “en la universidad por ejemplo, inicié investigando sobre el tema palestino y situaciones relativas al derecho internacional”, recuerda.

La madrugada de abril

En abril del año 2016 este joven se despidió de su familia en Venezuela, agarró su maleta y sus sueños rumbo a Costa Rica; solo con 160 dólares en el bolsillo, parte de este dinero lo consiguió vendiendo el anillo de promoción.

Protestas en Costa Rica, en solidaridad con la crisis que vive Nicaragua. Foto: Cortesía / Maje

“Llegué a casa de la única persona conocida en Costa Rica, don Álvaro Cantero Valverde, quien me recibió en su hogar, junto a su hija, Edith (una hermana para mí) y su esposa, doña Maryjane, que en paz descanse”, narra Roberto.

“Soy parte de esos 3.5 millones de venezolanos, obligados a huir de mi propia patria, buscando vivir, no sobrevivir”, añade.

En Costa Rica se desempeña como coordinador del Movimiento Nueva Venezuela, organización que promueve y defiende los Derechos Humanos.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Esta organización fue creada hace 2 años junto a jóvenes venezolanos sin militancia político-partidista, con una base autónoma y ciudadana.

“Adicionalmente soy organizador de la ONG Un Mundo Sin Mordaza, agrupación que promueve los Derechos Humanos y la protesta social por medio del arte, incentivando la participación de los jóvenes a través de la música y métodos no convencionales de protesta”, agrega.

Las violaciones de derechos humanos

Roberto considera que Maduro ocupa el puesto de un “régimen de facto, usurpador de la presidencia de la república”.

“Un régimen que hostiga, persigue, reprime, encarcela, tortura y asesina a seres humanos por querer un futuro mejor, distinto, no puede describirse de otra manera”, agrega el joven.

Solo en 2017, producto de las manifestaciones generalizadas que vivió Venezuela contra el Gobierno, se contabilizaron casi 200 asesinatos en el contexto de las protestas, siendo gran mayoría jóvenes entre 16 y 28 años, detalla Roberto.

“No contar con medicinas si te enfermas, no poder trasladarte a estudiar porque no hay transporte público, no poder adquirir las cosas más básicas para sobrevivir, como la comida o hacer colas interminables para intentar comprar pasta dental, por la escasez generalizada en todo el país, es parte del día a día de los venezolanos”, comenta.

Las protestas en Nicaragua

Roberto ha estado monitoreando las protestas que iniciaron en Nicaragua desde abril del año pasado. “Sé que son mis hermanos y hermanas, que cada joven nicaragüense representa una gesta heroica que ha de ser recordada en el continente como una de las gestas que más pasión le ha impreso a este siglo”, comenta.

Una de las muertes que más le afectó fue la del adolescente de 15 años Álvaro Conrado, porque lo relaciona con el asesinato de Neomar Lander, un joven venezolano que también murió protestando.

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Imagen de Neomar en las protestas de Nicaragua. Foto: Cortesía / Maje

En los días más intensos de las protestas miró fotografías de ambos adolecentes juntos, eso lo conmovió mucho. También ha visto cómo la bandera de Venezuela ondea junto a la de Nicaragua en algunas protestas.

“Sé de doña Coquito, una abuelita que nos ha robado el corazón por repartir agua a manifestantes. Sé del coraje de millones de estudiantes, campesinos, trabajadores, líderes sociales, ciudadanos, mujeres y hombres que han salido a encontrarse con la libertad de su país, un país que considero tan cercano como el mío, pues he tenido el honor de conocer a muchos de los suyos (nicaragüenses) y que se han convertido en mi familia”, destaca Roberto.

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Sanciones por parte de Estados Unidos y el rechazo al gobierno de Nicolás Maduro por más de 40 países a nivel internacional, esta es la convulsionada situación de Venezuela.

 

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Por su parte Nicolás Maduro dijo el 23 de febrero estar “más duro que nunca” y luego se puso a bailar salsa, mientras en Cúcuta, frontera entre Venezuela y Colombia se tornaban fuertes enfrentamientos para permitir el acceso de ayuda humanitaria.

Roberto y Daniel muestran solo un pequeño reflejo del gran desafío que significa ser joven en Venezuela, tanto para los que se quedan como para que los se van del país. Esta generación se ha formado en una de las situaciones más difíciles, pero guardan la esperanza de cumplir sus metas. 

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