Enrique Bolaños, el ingeniero enamoradizo

Oscar Sánchez/Maje
Al ex presidente de Nicaragua le gusta el béisbol, leer a García Márquez y solo ha tenido un amor en toda su vida.

Enrique Bolaños ejerció como presidente de Nicaragua desde el año 2002 hasta el 2007, define al pueblo nicaragüense como “indomables”, de pequeño le gustaba jugar béisbol y futbol, de hecho era mediocampista en el equipo de su colegio.

Nació en Masaya, pero estudió en Estados Unidos. Lo que más le afectó durante su época como presidente fue el pacto entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, para recudir el porcentaje de votantes que te hacían ganar las elecciones.

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Bolaños solo tuvo un amor en toda su vida, su esposa Lila Abaunza, a quien conoció cuando tenía 13 años y desde entonces no se separó de ella. Te contamos más de la vida del expresidente nicaragüense. 

Enrique Bolaños es admirador de García Márquez. Foto: Oscar Sánchez / Maje


¿Cuál es su libro favorito?


Hay muchos, pero gocé bastante  “Cien Años de Soledad”, que es puro cuento.


¿Película preferida?  


Me repugnan las películas actuales, con un montón de armas, es la misma cosa, con el mismo guion. Hay películas buenas, morales, que se gozan, por ejemplo “No disparen soy dentista”.


¿Qué deportes jugaba? 


Me gustaba el futbol y béisbol, yo era mediocampista y cácher. Todavía me gusta verlo.

Lo más difícil de su gobierno, fueron las huelgas organizadas por el Frente Sandinista. Foto: Oscar Sánchez / Maje


¿Dibujos animados que recuerde de su niñez?


Tenía una colección de muñecos que había hecho de una revista Latinoamericana, se llamaba “Caras y Caretas”. En la última página había imágenes de un muñeco que era millonario, era dueño de una cuartería toda fea, el segmento se llamaba “Para eso pago”,  yo las coleccionaba, salían cada semana. 

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Lo comparo con Ortega, porque la gente dice para qué hace tal cosa, él responde para eso mando.


Lo más difícil de ser presidente de Nicaragua 


Para mí lo más difícil fue el pacto de Daniel  Ortega y Arnoldo  Alemán, a cada rato me hacían cosas, por ejemplo, las huelgas por el Instituto Regulador De Transporte del Municipio de Managua (Intrama), que no dependía de mí, sino de la Alcaldía de Managua.

Yo no tenía poder para solucionarlo.

Bolaños trajo 27 zona francas a Nicaragua. Foto: Oscar Sánchez / Maje

 
¿Cómo fue su gobierno? 


A pesar de eso, hicimos más que cualquier otro gobierno, recibí seis mil millones de dólares y dejé 1600 millones de dólares en deuda. 

Le conseguí a Nicaragua los Estatus de Protección Temporal (TPS) pos sus siglas en inglés, que era  una ayuda temporal para los migrantes.

En Ciudad Sandino había una fábrica enorme para hacer tela de Jeans, hubiéramos exportados cantidades de Jeans.

En medio de las protestas en abril de 2005, Enrique Bolaños intentó dialogar con simpatizantes del Frente Sandinista ¿qué les dijo?


Ellos estaban amenazando con invadir la casa presidencial y yo pensé que si entraban, podía haber heridos, porque el Ejército y la Policía Nacional tienen el deber de proteger ese lugar, iban a tirar balazos y yo no quería eso.

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Ellos querían hablar, entonces yo decidí salir, pero los líderes sandinistas como Gustavo Porras salieron corriendo, y solo quedó la gente, entonces me agarraron a pedradas. 


Los almuerzos en los viajes a Estados Unidos 


Cuando estuve en un viaje en las Naciones Unidas, el guarda de seguridad me preguntó dónde me llevaba a comer, entonces yo le dije que me llevara a un  restaurante Denny's en Estados Unidos, porque ahí la comida es más barata. 

Bolaños tuvo un solo amor de su vida, su esposa Lila  Abaunza. Foto: Melvin Vargas / Maje

El guarda me dijo que debía mandar a una persona de seguridad para inspeccionar el lugar, después de un rato fuimos al lugar. 


Su único amor en la vida 


Lila Abaunza, fue la primera y única novia, la conocí un domingo de ramos, el 6 de abril de 1941. Yo tenía 13 años y ella 12. 

Me fui a ver entrar la procesión de la Burriquita, estando ahí veo venir una niña con calcetines, trenzas, piel blanca, con una doméstica que la acompañaba. 

Estaba enojada, vociferando todas las malas palabras que aprendí entonces, ella estaba diciendo algo como que ese viejo se tuvo que morir, porque un tío abuelo de ella murió el día que comenzaba la Semana Santa. 

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Entonces me acerqué para preguntarle qué le pasaba, me dijo que quería salir pero no podía porque estaba de luto, entonces yo le dije que saliera escondida, que la iba ver en la esquina. 

La esposa de Bolaños estudiaba en California, mientras él estudiaba en Misuri. Foto: Melvin Vargas / Maje

Cuando había procesiones, yo me iba a la esquina y ella salía con la doméstica, entonces caminábamos en las procesiones. Ahí comenzó todo.

Ella fue a estudiar a California, yo a Misuri, eran dos días de tren, estudiaba en un colegio de monja, hablábamos por teléfono y toda la plática la escuchaba la directora. 

El ingeniero Enrique Bolaños sonríe cuando habla de su esposa Lila, con quien toda la vida se llevó bien, hasta el día de su muerte hace diez años. 

Actualmente el expresidente se dedica a nutrir su biblioteca virtual, escribir, leer los periódicos, escuchar música clásica  y recibir a jóvenes periodistas en el despacho de su biblioteca.

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