Fabio Gadea, entre la radio, el arte y los cuentos

El creador de Pancho Madrigal, Fabio Gadea Mantilla narró algunos detalles de su vida y cómo inició en el mundo de la comunicación.

Cuando tenía seis años me iba a la cama a las 9:00 de la noche; antes de dormir mi abuela Bertha encendía un radio color negro que tenía la antena pegada con cinta adhesiva.

“Ya viene Pancho”, decía ella. Como la casa era pequeña, las historias de amor, terror y humor que ocurrían en El Galope se escuchaban perfectamente.

Imagen / Giphy

“Entre la bruma del cafetal, viene Pancho Madrigal”, decía la canción.

En muchas ocasiones no logré dormir porque creía que el espanto que le había aparecido a Filiberto llegaría a mi cama, pero me cubría con la sábana de pies a cabeza para que los espíritus malignos no me tocaran.

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Y como decía Juan Gabriel, “el tiempo pasa y este nunca perdona”, hoy ya no puedo escuchar cuentos con mi abuela; pero por casualidades de la vida logré conversar con el creador de Pancho Madrigal, Fabio Gadea Mantilla.

Fabio se lavanta todos los días a las 5:00 am. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

Una memoria envidiable

A sus 86 años, Fabio narra sus recuerdos de infancia con muchos detalles, a tal punto que yo me trasladé a los hermosos paisajes de Ocotal, de donde es originario.

Moncho Salgado, fue uno de los mejores profesores que le impartió clases cuando cursaba sexto grado. La educación en ese entonces era de mejor calidad, para aprender matemáticas no había maquinita (calculadora), por mencionar un ejemplo.

Otro recuerdo de su infancia, “es paseando por los campos de Ocotal, aquello era bellísimo”.

Es escritor, artista y locutor. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

“El olor de las guayabas en el camino, los pinares preciosos; las lapas abundaban, los pericos, las loras, los venados se atravesaban en el camino; de ahí seguramente me nació la idea campestre de Pancho Madrigal”, recordó el veterano locutor y director de Radio Corporación.

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Él visitaba varias fincas con su papá Ramón Gadea; cuando los trabajadores estaban descansando o comiendo narraban muchas historias, y el pequeño Fabio siempre estaba atento a esas conversaciones.

En su casa había un radio viejo de onda corta, su familia se sentaba a escuchar la emisora Habana Cuba “la catedral de la radio en América”, también escuchaban la radio CMQ donde transmitían la radionovela Tamakun El Vengador Errante.

El viaje empezó en un camión

Para lograr estudiar la secundaria, Fabio se trasladó a vivir a León. Emprendió el viaje en un camión, junto a su papá, acostado sobre unos sacos de café. Así llegó Managua y posteriormente a León.

“El camión entró como a la 1:00 de la mañana, se paró en el barrio El Calvario, de la iglesia, media cuadra abajo; ahora eso es puro Mercado Oriental, yo he querido ir ahí para llorar la nostalgia, pero no he podido encontrar el punto exacto”, comentó Fabio.

“Otro recuerdo de Managua son los pregones; el chancho, la lotería, los nacatamales, el fresco, el café negro, para mí era raro porque en la Segovia no se pregona nada, las vendedoras llegan a las casas, son más tímidas”, añadió.

Foto: Nayira Valenzuela / Maje

Al siguiente día su papá lo levantó a las 5:00 de la mañana para abordar el tren, el pasaje era barato y el viaje se disfrutaba. “En el camino te parabas en Miraflores, ahí vendían unos pescaditos riquísimos con tortilla caliente; después en Mateare otro pescado, en La Paz Centro y en Nagarote quesillos, café, tiste y pinolillo”, recordó.

Llegaron a León como a las 8:15 a.m., su papá lo llevó a conocer a unos familiares que tenían en esta ciudad, de apellido Machado. Luego lo matriculó en el Instituto Nacional de Occidente (INO), donde es hoy el hotel El Convento, “ese es el colegio que yo quiero mucho, ahí estudié un año, pesadísima la enseñanza y mala la comida”, destacó.

La casualidad que lo llevó a la radio

Por motivos laborales, su papá se trasladó a vivir a Managua, entonces Fabio decidió continuar sus estudios ahí.

“Había dificultades para pagar el colegio, yo era muy tímido y tenía pena decirle a mi papá que teníamos tres meses de retraso”, comentó el locutor.

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“Por eso decidí dejar de estudiar, mi mamá Elena Mantilla lloró pero no le dije nada. Después me  puse a trabajar, tenía 15 años más o menos, hice de todo, vendí zapatos, vestidos, con eso me ganaba para comprar mi pasta de diente, mi ropa, salir al cine”, relató.

Su papá, Ramón, alquilaba una pieza de la casa. Un español de nombre Mamerto Martínez llegó a solicitarla, resultó ser una persona estupenda, dedicado, actor de teatro y se hizo amigo de Fabio.

Fabio es el director de Radio Corporación. Foto: Nayira Valenzuela / Maje

Mamerto era locutor de la Voz de la América Central, la primera emisora que había en onda corta en Nicaragua, todo el mundo escuchaba eso.

Los sábados los locutores se iban a beber licor a una cantina que quedaba a media cuadra; Mamerto dejaba a Fabio en la radio y le daba instrucciones, cuando se apagara la luz roja Fabio tenía que decir: “y ahora van a escuchar…”.

Confiesa que tenía una voz horrible, tan fea que al día siguiente el dueño de la radio, José Mendoza Osorno, llegó y preguntó quién había sido el irresponsable que dio la orden para que Fabio hablara. Mamerto aceptó la responsabilidad y dijo que le diera unos meses para pulirlo.

Así fue como inició la aventura en el mundo de la radio.

Pancho Madrigal

Fabio comenzó a narrar varias novelas, una de ellas “Derecho de Nacer” fue un éxito en ese tiempo, “vos ibas por la calle y podías escuchar la novela sin necesidad de tener un radio”, recordó.

Un día se le ocurrió escribir un libreto con las leyendas nicaragüenses, desde el inicio definió al narrador como campesino de la montaña, como los que recordaba de su infancia.  

Se sentó inmediatamente en la máquina de escribir. Había un actor que se llamaba Rodolfo Arana Sándigo, mejor conocido como tío  Popo, tenía un programa infantil muy bueno, fue el primer Pancho Madrigal.

“Le dije a tío Popo que quería hacer un programa pero que el narrador tuviera deje indígena, él me respondió que podía ayudarme”, recordó Fabio.

“Ya listo el primer programa, me fui con una grabadora a la fábrica de galletas Cristal, el dueño era Adolfo Guerrero. Escuchó la grabación, le gustó y me la compró en 800 pesos; en ese tiempo era mucha plata, lo suficiente para pagarle 150 córdobas a cada actor y el resto para mí”, comentó.

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Al escuchar las primeras historias en la radio, las personas se animaron a contar sus anécdotas y le enviaron varias cartas a Fabio, “el éxito de Pancho Madrigal es que los cuentos me los ha contado el pueblo, yo solo los elaboro”. Después creó los personajes, don Pancracio, doña Tula, Aniceto, Filiberto, para darle ambiente a las historias.

Los panchos

Rodolfo Arana Sándigo, fue el primer Pancho Madrigal, le siguió Otto de la Rocha. Fabio considera que Otto es un actor brillante, trabajó con él 20 años, él compuso la canción de Pancho Madrigal.

Después de Otto, el actor Roy Flores interpretó la voz de Pancho y le siguió Fernando Cisneros. Actualmente Inecito Ruiz es la voz de este popular personaje.

Pancho Madrigal lleva 57 años al aire. “Yo me siento emocionado de saber que he llegado a tantas generaciones, que la gente aprecia el trabajo, no hay programa que haya durado tanto”, recalcó Fabio.

La vida después de los 80 años

Fabio Gadea Mantilla sigue como director de Radio Corporación, en sus tiempos libres le gusta pintar, en su oficina están colgados varios de sus cuadros. Tiene cuatro hijos de su primer matrimonio y dos del segundo.

Le gusta leer novelas, uno de sus libros favoritos es Don Quijote, una creación literaria espectacular; también le gustan las novelas de Gabriel García Márquez y algunos libros de historias.

Sus rincones favoritos de Nicaragua

El veterano locutor tiene varios lugares favoritos de Nicaragua. “Selva Negra, me gusta mi pueblo (Ocotal), me encanta Granada, Ometepe, León, la Catedral de León me deja perplejo siempre”.

Foto: Nayira Valenzuela / Maje

Los jóvenes de abril

Este locutor apasionado, considera que la generación que inició con las protestas en el mes de abril es admirable.

“Llega una época en la que los países son salvados por el estudiantado, es cuando despierta la mente; a pesar de que aquí no había autonomía universitaria, no había libertad de cátedra, a pesar de todo eso, los jóvenes se levantaron”, reconoció Fabio.

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“Esa juventud merece todo el respeto de nosotros, hay que levantar un monumento con el nombre de todos esos mártires”, agregó.

Foto: Nayira Valenzuela / Maje

“Nicaragua necesita un presidente honorable, ministros honorables, funcionarios honorables, ese es el remedio para el país, así vamos a tener educación, salud, la gente va a pagar los impuestos con gusto; los cargos públicos no son una lotería, donde se hace rico uno y los demás que pierdan”, recalcó Fabio.

Cuando terminamos de conversar, narró las historias de varias fotografías que habían en su oficina; si llego a su edad espero tener la capacidad de contar historias como don Fabio Gadea. ¡Auténtico, auténtico!

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