#ElChat | El realismo mágico de Macondo en Monimbó

Cortesía / Maje
La literatura de Gabriel García Márquez en la realidad que vive el pueblo heróico de Monimbó.

Recuerdo las palabras que repetía constantemente el periodista nicaragüense Manuel Eugarrios hace años, “Nicaragua es el país de lo inverosímil”,  y es que lo que sucede en el país, pone a prueba nuestra capacidad de asombro cada día. 

El caso de Masaya es un tanto especial, por la picardía de los habitantes, la alegría de sus fiestas y por tener el respaldo del corazón de Nicaragua: Monimbó, sin duda la ciudad se merece un trato diferente. 

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De hecho, las particularidades que suceden en las calles de Monimbó, me trasladan a las páginas del libro “Cien Años de Soledad” escrito por García Márquez. 

La resistencia de Monimbó. Foto: Marlon Pupiro / Maje

Aracataca, es un pueblo de Colombia, en el que García Márquez se inspiró para escribir “Cien Años de Soledad”, el periodista colombiano Fernando Araújo Vélez, dice que  Aracataca fue Macondo, y Macondo fue Colombia y el resto de América Latina. 

En ese sentido Macondo es las calles, la gente, la cortesía, el amor, las tradiciones, la cultura de la mayoría de los pueblos de América Latina, en la actualidad entonces Macondo es Monimbó. 

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Y aunque parezca una locura, el realismo mágico de Macondo está impregnado en Monimbó y  jóvenes escritores así lo analizan. 


Así nació Macondo 

Macondo es un pueblo que se formó a partir de dos personas, era un lugar alejado del mundo, de hecho los habitantes no tenían contacto con el exterior. 

El pueblo comenzó con el matrimonio de José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán, quienes huyeron de su hogar porque José Arcadio asesinó a un hombre, puesto que éste lo ofendió acusándole de no cumplir con su mujer. 

Macondo nació entonces, con un hombre al que le gustaba la ciencia, mecánica y una mujer fuerte, capaz de crear una familia. 


Úrsula en las mujeres de Masaya 

El carácter de Úrsula, una mujer trabajadora y guía espiritual que a lo largo de la historia se convirtió en un soporte que empuja a su familia para hacer lo correcto, y que también se autodenomina como la voz de la razón en “una familia de locos”. 

Las mujeres ayudan y fortalecen las barricadas en Monimbó. Foto: Marlon Pupiro / Maje

La descripción de ella en el libro de García Márquez, es muy similar a lo que son las mujeres en los pueblos de Nicaragua. Me refiero a lo fuerte, que en muchas ocasiones representa la unión de la familia. 

En Masaya la situación no cambia, solamente se acentúa y en estos momentos de crisis no hace más que sobresalir, según describe Isaías Galán, un joven de 22 años, que hace poco se graduó de Comunicación Social y ha acompañado a sus vecinos para defender Monimbó. 

Macondo y Masaya ¿qué tanto se parecen?

Macondo y Monimbó, por ser pueblos y teniendo en cuenta que la mayoría de pueblos en latinoamérica tiene características muy parecidas, como la religión, la cultura, y sobre todo la idiosincrasia, podemos, si echamos a volar la imaginación, encontrar similitudes entre la vida cotidiana en las calles de Macondo y los caminos de las siete esquinas en Masaya. 

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Comparar un pueblo real con la literatura parece una locura, pero en realidad no es tan descabellado, porque precisamente el realismo de García Márquez quedó inmortalizado para siempre en las costumbres de los pueblos, en los personajes de los barrios, en las historias que se cuentan de boca en boca hasta convertirse en leyendas. 

En Nicaragua no necesitamos recrear a un Buendía para encontrar un personaje, de hecho el pueblo de Macondo y Masaya, tienen similitudes que a continuación intentaré exponer. 

Personajes pintorescos

En el libro de García Márquez, nos encontramos con personajes que se salen completamente de la realidad imaginada por la literatura, para mostrarnos figuras más apegadas a un libro de ficción con aliens y fantasmas. 

Pero la realidad de Monimbó no se queda lejos de personajes tan controversiales como cualquiera de los Buendía, de hecho en el pueblo hay un personaje del que actualmente se cuentan muchas historias.  

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Se trata de un anciano que a pesar de su edad, se encuentra luchando en una de las barricadas de Monimbó, su experiencia y su notable inteligencia lo han hecho ganarse el respeto en medio de la crisis que atraviesa el país. Los jóvenes lo han visto realizar maniobras interesantes durante la lucha, como identificar a un francotirador que atacaba a un grupo. 

“El Avispón" agarró una bomba casera que él mismo había creado, y en una esquina de las calles de Monimbó se quedó esperando sin moverse, mientras la multitud corría descontrolada intentando evitar los tiros, cuando logró identificar dónde estaba la persona que disparaba le tiró la bomba. Desde entonces los jóvenes en la barricada, escuchan y respetan su experiencia. 

Tiene 71 años, su apodo "El Avispón", es el mismo con el que se idetificaba en la lucha contra el dictador Anastasio Somoza en 1979.

El señor cuenta que él ha leído los libros que fundamentaron la lucha del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), como los escritos de Mao Zedong o Karl Marx, libros que según él te enseñan la idea de querer que el pueblo sea consciente. 


Los inventos macondianos

En el libro de “Cien Años de Soledad” se habla de Melquíades, un hombre que junto a los gitanos llevaba nuevos inventos a Macondo . 

Los gitanos vendían los inventos a los habitantes del pueblo porque sabían que las personas no solían salir de Macondo, por lo que aprovechaban a ofrecer imanes, una vez incluso llevaron una lupa “del tamaño de un tambor”. 

En Masaya tenemos artefactos similares, dándole el toque nica y realista a la situación, fue en este momento que muchos logramos conocer los mitos de lo que tanto nos hablaron sobre Masaya. Las bombas de contacto realizadas con líquidos inflamables, las máscaras de cedazo, y los “niños”, es decir,  tubos de casi un metro para morteros de cinco libra. 

Sin duda Monimbó resuelve cuando no hay presupuesto, la resistencia del pueblo indígena está en la creatividad y la unidad que mantienen frente a un enemigo común. 


Las protestas

En este pueblo recreado de García Márquez, los habitantes comienzan a realizar plantones, huelgas, protestas en contra de una compañía bananera que llega al pueblo y se aprovechaba de los trabajadores. 

De hecho José Arcadio Segundo, dejó su trabajo de capataz e intentó formar un partido de los trabajadores, así empieza con la agitación política que luego alcanza a todo el pueblo. 

La respuesta de los dueños de fábricas y autoridades de Macondo, fue, como no podía ser de otra manera: represión. 

El ejército había emplazado nidos de ametralladoras alrededor de la plazoleta, y la ciudad alambrada de la compañía bananera estaba protegida con piezas de artillería” dice literalmente el libro. 

En Monimbó son atacados como si de una guerra se tratara, las rotondas de Ticuantepe y San Jerónimo están resguardadas por encapuchados armados, afines al gobierno.  

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La ciudad de Masaya está llena de barricadas, algunos negocios siguen cerrados, la población hizo incluso zanjas para que los vehículos no transiten, y para protegerse de las famosas Hilux. 


El grito cruel de la autoridad 


La autoridad que quiso representar el ejército en Macondo, el día en que el capitán habló en la plaza del pueblo, para comunicar que sería el ejército los que harían de árbitro en el conflicto con la empresa bananera, fue la misma que quiso transmitir el gobierno sandinista el día martes 19 de junio, cuando entraron a Masaya para sacar al comisionado Avellán. 

En Macondo las personas respondieron permaneciendo en la plaza hasta que se dispararon las primeras balas, en Masaya la gente respondió con 16 mensajes dirigidos al comisionado Avellán, solo en Nicaragua protestamos así. 

El primer mensaje circuló a partir del 3 de junio, luego del asesinato del adolescente Junior Gaitán, quién pidió de rodillas que no lo mataran. A pesar de que el joven rogara por su vida uno de los policías le disparó.

Desde entonces el grito de “Comisionadoooo Avellánnn” es uno de los más virales, famosos y particulares de los Masayas en sus protestas. 

La esperanza entonces, es que la magia de la imaginación, nos ayude para crear con el legado del pueblo indígena, una nueva Nicaragua, en la que siga existiendo en las calles de Masaya, muros que cuenten historias como las de “El Avispón”, plazas que encuentren resistencias ante las injusticias y personajes que hagan de Monimbó, un pueblo digno de plasmar en letras. 
 

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