Las cicatrices que ha dejado la historia de Nicaragua

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Llevamos las secuelas de nuestro pasado en las venas: los combates armados en Nicaragua, se han repetido a través de la historia.

A 52 días de protestas en Nicaragua se registran 135 muertes, según datos del Centro Nicaragüense de los Derechos Humanos (Cenidh). 

Las muertes que aumentan cada día, son números a los que nos estamos acostumbrando. Por las noches la oscuridad es testigo de las balas y las muertes y en el día aparecen nuevos cadáveres en las calles de Nicaragua. Se está formando una dinamita de sentimientos reprimidos, que según el sociólogo Cirilo López, en algún momento tendrán que salir. 

Una de las formas en que los jóvenes transmiten sus sentimientos es a través de las redes sociales, ahí hay mensajes de reclamo dirigidos a la familia gobernante, una situación que puede producir violencia. Pero también se leen palabras de aliento y resistencia ciudadana. 

Las emociones en tiempo de crisis

Sabiendo que venimos de una historia reciente de lucha armada, es necesario analizarnos como  sociedad para saber a dónde vamos. 

Revolución Sandinista.  Foto: Cortesía / Maje

Lo primero en lo que debemos pensar es en nuestra historia, la herencia que nos dejaron las generaciones pasadas. De acuerdo al sociólogo, para los nicaragüenses las luchas armadas son una práctica cultural que se han repetido desde el momento en que los españoles llegaron a América. 

 

Una historia de dominación y batalla 


“Para encontrar las cicatrices de la violencia en Nicaragua, tenés que revisar los últimos 500 años”, señala Cirilo. 

Desde la llegada de los españoles que vinieron al continente a robar, matar y colonizar a la fuerza, tenemos hechos de violencia en Nicaragua. Luego siguió la época de la colonia española, en la que hubo dominación y violencia, el primer gobernante que tuvo el país fue  Pedro Arias Dávila, un hombre que se caracterizó por ejercer la violencia, sobre todo contra la población indígena. 

Dávila usaba a los perros de caza para castigar a los indígenas que eran sometidos a la fuerza para abandonar sus creencias. 

La  independencia fue también una época de lucha, hasta acabar en gobernantes dictadores como José Santos Zelaya, presidente en 1893; la invasión norteamericana en la primera mitad del siglo XX, que terminó en la lucha armada liderada por Sandino. 

¡Juntos y unidos somos un volcán!

Sandino creía en la lucha de guerrillas. Foto: Cortesía / Maje

Luego siguieron los Somoza, una dictadura de 40 años que desencadenó una guerra y ahora la familia Ortega-Murillo. 

Por ello, la guerra del 79 no ha sido el único conflicto que ha marcado a Nicaragua, sino que ha sido un comportamiento cultural en la línea del tiempo.


Las cicatrices de la guerra reciente 


En 1983, el gobierno sandinista después de derrotar a Somoza Debayle decreta la ley del servicio militar, que obliga a todos los hombres de entre 18 y 40 años a ponerse al servicio del ejército de Nicaragua. 

Uno de los jóvenes que estuvo en el servicio militar es Rafael Lara, actualmente periodista. En 1986 a Rafael le tocó hacer el servicio militar, tenía 19 años, en un primer intento el joven desertó. 

Pero en esa época era obligatorio terminar el servicio militar, por eso aprovechó que una amiga de su hermana estaba casada con un militar, ella le ayudó a unirse a los BM21, una tropa que se dedicaba a cuidar las fronteras con Honduras, porque en ese país había gente de la Contra. Junto a ellos, Rafael hizo un servicio menos peligroso para su vida. 

Comandante Edén Pastora. Foto: Cortesía / Maje

En esos años, Rafael leía libros rusos, la mayoría hablaban de guerra y triunfos históricos, las radios decían mentira, desde ambos bandos (los sandinistas y la Contra), “era una guerra psicológica”, explica. 


Las divisiones sociales por política 


El padre de Rafael era un hombre con ideas diferentes al gobierno sandinista, estaba en contra  totalmente de las acciones que tomó el gobierno  en ese momento. De hecho me comentó que en muchas ocasiones tuvo enfrentamientos con su papá, porque él como joven tenía “una idea un poco más balanceada de la situación en Nicaragua”.

“Lo que me parece constructivo es que aprendí a distinguir ciertas cosas, no quedarme solo con una parte”, confiesa. 

En los barrios había gente del gobierno vigilando si eras un traidor a la revolución, según Rafael hubo muchas familias que se separaron por pensar diferente. Desde su punto de vista, con su generación (la de los años 80) lo que sucedió es que “comenzamos a sentir cierto odio en contra de esa división en la sociedad nicaragüense”.

¿Castigar con violencia es realmente necesario?

 

 

Actualmente es periodista, tiene 51 años y el servicio militar no le dejó repercusiones físicas como a muchos ex combatientes en Nicaragua. 

Pero parte del panorama de esa época se repite actualmente, es cierto que no estamos en medio de una lucha armada, pero presenciamos cada día episodios de violencia que siguen cobrándose vidas de hermanos nicaragüenses. 


La división en la familia 


En este punto podría sin problemas hablar a título personal y seguramente muchos jóvenes se identificarán con mi experiencia. 

La mayoría de mi familia es sandinista, al menos los miembros de mayor edad. Existe cada día choque de opiniones e información porque actualmente también estamos en medio de una guerra psicológica promovida por algunos medios de comunicación. 

Las informaciones están en constante contradicción, dependiendo desde dónde las estés consumiendo, por lo tanto existen dos Nicaragua. 

 

 

Cuando personas que provienen de la Nicaragua de izquierda, (llamémosla así solo para identificar), se encuentran con la versión “vandálica” y se producen discusiones, es inevitable querer convencer a la otra persona que tu opinión es la verdadera.  

Entonces suele repetirse lo que ya sucedía en la Nicaragua de los ochenta, las familias y las amistades se separan por política. 
De acuerdo al sociólogo Cirilo López, todo conflicto social genera odio, antipatía y actitudes de venganza por las diferencias entre los grupos sociales. 

Actualmente estamos muy fraccionados y no hay instituciones que sean responsable de este proceso, eso hace más marcado la contradicción entre la sociedad.

Este odio en la sociedad no solo está dirigido al partido gobernante, sino a quienes participan de las acciones del gobierno sandinista, como funcionarios públicos o seguidores sandinistas. 

La pareja presidencial durante las elecciones de 2017. Foto: Cortesía / Maje

También generan odio quienes están luchando porque Daniel Ortega se vaya del poder, Cirilo agregó también a los familiares que han perdido a sus hijos. “Hay gente que se está cargando de odio y seguramente actuarán en distinto momento en el futuro inmediato. Pero eso sociológicamente es normal”. 


Los sentimientos jóvenes 


Las redes sociales se han convertido en un termómetro de sentimientos para los jóvenes, ahí expresan los miedos, enojos, inseguridad que les produce la situación de Nicaragua. 

Nicaragua | La cuesta el plomo, el mirador de la muerte

Hablé con una ex alumna de la Universidad Centroamericana (UCA), tiene 21 años de edad, y aunque se refirió a Daniel Ortega como un “ser humano basura”, considera que no siente odio por él. 

“Sí existe mucho repudio hacia él, queremos que él pague por todo lo que ha hecho”, comenta la joven, pero no piensa en dañarlo con actos que no sean de justicia. 

 

 

Esta joven en su familia también ha tenido problemas, su papá es sandinista y a pesar que pide que Daniel Ortega pague por lo que ha hecho, a veces justifica acciones del gobernante y  se pone en contra de los estudiantes. 

Las discusiones se producen en muchas ocasiones por la información que envían en el grupo de la familia por WhatsApp,  “no podes estar en los dos lados”, afirma la joven. 

En el caso de Guillermo, ex estudiante también de la UCA, desde que se involucró en la lucha de los estudiantes un 19 de abril en la Universidad de Ingeniería (UNI), ha perdido el habla de varios familiares porque  no están de acuerdo con él. 

“Pero es que ya estoy demasiado metido en esto, ya no me puedo salir”, me dijo el joven en tono de justificación. 

 

 

Para Guillermo la vida le cambió cuando miró a una persona morir en la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI), ese día se regresó a su casa, tuvo miedo, después de eso las personas que no están en la lucha dejaron de importarle. 


El civismo es la lealtad al movimiento 


A pesar que muchas veces sentimos miedo, rabia, dolor por todo lo que está sucediendo, sigue siendo importante recalcar que esto nació y se extendió como una lucha pacífica. 

La Iglesia Católica y "la reserva moral" de Nicaragua

Los jóvenes que están luchando en las universidades tienen claro el objetivo, “yo quiero que estas personas (Ortega-Murillo) abandonen el poder”, dijo Guillermo. 

Para el sociólogo Cirilo Otelo, esta generación puede lograr romper con los esquemas repetitivos de violencia que han caracterizado a Nicaragua, su principal arma es el conocimiento. 

 

 

En las generaciones anteriores no había conocimientos de las leyes de derechos humanos universales, y la actitud cívica que ellos tienen puede lograr desconcertar al violento. Ahora los jóvenes pueden estar en un plantón y no le hacen daño a la sociedad, tienen un punto específico de lucha”, explica. 

El punto es que, después de 51 días de protestas los sentimientos acumulados tienen ganas de salir, lo mejor entonces es encontrar a alguien  con quien poder hablar,  lo importante es no perder de vista que la lucha nació con la entonación del himno nacional “ni si tiñe con sangre de hermanos” y así debería seguir. 
 

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