#ElChat | “Las madres nicaragüenses no tenemos nada que celebrar”

Luto. Tres historias diferentes, un solo sentimiento; el dolor de perder un hijo en las protestas de abril.

Cuando el reloj marca las 9:00 de la noche, para Maritza Rueda, de 60 años, es momento de ir a dormir, a su edad ya no puede ir a la cama muy tarde.  

Ella llora varios minutos antes de lograr dormirse, “su niño” Jesner Josué Rivas ya no la acompaña porque una bala terminó con la vida del menor.

Jesner tenía 16 años de edad, era uno de los nietos más pequeños de Maritza, él desde que era un niño dormía con ella.

“Lo mataron cerca de su colegio”

El 22 de abril Jesner se levantó más tarde de lo común, sus amigos le comentaron que habían enfrentamientos cerca de su colegio, entonces decidió ir.

Abuela de Jesner, Foto: Bryam Martínez / Maje

“Supuestamente querían saquear el Palí que está cerca del barrio La Fuente, pero era mentira, nadie se metió a ese lugar”, comentó Maritza.

Cuando Jesner estaba cerca de la zona, los policías venían disparando contra la población, una de las balas le impactó cerca del hombro al joven.

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Su hermano junto a otros vecinos lo trasladaron al hospital Manolo Morales. Los médicos que lo atendieron dijeron que había muerto por arma blanca, “eso es mentira”, expresó Maritza.

“Los doctores dicen que murió por falta de sangre, eso es falso, ellos no estaban atendiendo, lo dejaron morir”, comentó con la voz entrecortada Maritza.

“No estamos pidiendo, estamos exigiendo justicia”

Jessica Patricia Rivas, de 38 años, es la mamá de Jesner. Cuando ella recibió la noticia del asesinato de su hijo estaba en Jinotepe; no tenía mucho dinero para trasladarse a Managua y unas amigas le ayudaron económicamente.

Mamá de Jesner, Foto: Bryam Martínez / Maje

Cuando llegó a la casa de doña Maritza, ya estaba el cuerpo de su hijo, “no tengo palabras para explicar el dolor que yo sentí en ese momento”, dijo entre lágrimas Jessica.

El día del entierro de su hijo muchas personas acompañaron a la familia, en la caja de Jesner iba su tiradora, la que utilizaba para cazar palomas.

“A todas las madres  que perdimos un hijo, tenemos que seguir unidas, porque los asesinos tienen que pagar”, finalizó Jessica.

“Me duele respirar” 

Los ojos de doña Lizeth Dávila, mamá de Álvaro Conrado, todavía se notan un poco inflamados por las lágrimas y las pocas horas de sueño.

Ha pasado más de un mes desde la muerte de su hijo, y todavía no lograr creer que su pequeño ya no está en la casa.

Álvaro era estudiante del Instituto Loyola, practicaba atletismo, era fanático de Harry Potter y tenía como meta estudiar la carrera de Contabilidad o Derecho.

El 20 de abril se levantó temprano y “estaba un poco inquieto”, solo habló con su papá, del mismo nombre, de un torneo de atletismo que tendría al día siguiente, si él lograba ganar representaría a su colegio en Panamá.

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Mamá de Álvaro Conrado, Foto: Bryam Martínez / Maje

Como a las 10 de la mañana Álvaro salió de su casa, su abuela le preguntó para dónde iba, él respondió “ya hablé con mi papá”.

Álvaro quería ir a ayudar a los estudiantes que estaban en la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), pero después decidió quedarse cerca de la Catedral de Managua.

“El niño andaba dejando agua a los muchachos que estaban en la catedral”, comentó Lizeth Dávila, mamá del menor.

Al momento de los enfrentamientos, dos balas hirieron a Conrado, una en la boca y otra en el cuello.

“Me duele respirar”, decía Álvaro, mientras era atendido por los jóvenes que estaban en catedral, según se aprecia en algunos videos publicados en las redes sociales.

Lo dejaron morir 

Varios jóvenes decidieron trasladarlo al hospital Cruz Azul, pero en este lugar no quisieron atenderlo. Luego lo llevaron al hospital Bautista, pero en estos casos el tiempo es crucial y Álvaro no resistió tanto.

Álvaro Conrado, Foto: Facebook / Maje

Algunos médicos le comentaron a Lizeth que si al niño lo hubieran atendido cuando llegó al hospital Cruz Azul, posiblemente estuviera vivo.

El apoyo de la población

La mamá de Álvaro se siente agradecida por el respaldo y solidaridad de la población.

“No han olvidado a mi hijo, gracias a las personas que andan la fotografía de él en las marchas”, comentó Lizeth.

“La principal demanda que tenemos como familia es que se haga justicia por su muerte, tanto para el que dio la orden de disparar, como para el que la ejecutó”, añadió la mamá de Álvaro.

 “Quería ser doctor de animales”

Meybelin López, ayer por la noche estaba preparando una sopa, en ese momento se le vino a la mente que a su hijo, Kevin Dávila le gustaba mucho esta comida.

Salió de la cocina y lloró nuevamente la pérdida de su primer hijo, un joven de 23 años que tenía como meta ser “doctor de animales” (veterinario), porque desde pequeño le gustaban las mascotas.

Kevin entró a estudiar la carrera de Veterinaria en la Universidad Central de Nicaragua (UCN), llegó hasta tercer año; por razones económicas abandonó la carrera, pero esto no lo desmotivó, se matriculó en una carrera técnica, para aportar al hogar y lograr terminar sus estudios.

Kevin Dávila, Foto: Cortesía / Maje

Su mamá lo recuerda como un joven callado, le gustaba la música y salía poco a fiestas.  Su pasatiempo favorito era jugar futbol; en ocasiones iba a ver jugar a la Selección Nacional de Futbol con su papá, Roberto Dávila.

Kevin recibió un balazo en la cabeza el 21 de abril, cuando estaba en la Upoli,  murió en el hospital Lenín Fonseca después de luchar más de 15 días por su vida.

Con lágrimas en su rostro, Meybelin comentó que este 30 de mayo no hay nada que celebrar, ella siente “que le falta un pedazo en su corazón”.

Familia de Kevin, Foto: Cortesía / Maje

Estas tres historias son una muestra del dolor que viven las madres que perdieron un hijo durante las protestas que se han desarrollado en el país.

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Hasta el momento, Amnistía Internacional confirma que el saldo de muertos es de 83.

Entre el dolor y el recuerdo de sus hijos, la demanda de estas y de todas madres es la misma, que los culpables de las muertes tengan su castigo. 

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