“Me duele respirar”, en memoria de Álvaro Conrado

Álvaro Conrado, la víctima mortal más joven de las violentas protestas en Nicaragua.

“Soy Álvaro Manuel Conrado. Sólo tenía quince años y sin quererlo me convirtieron en un héroe”, así lo presenta Leana Astorga.

“Soy Alvarito Conrado, mi sangre no ha sido en vano, viene un futuro mejor no me den jamás por muerto, estoy vivo y resurrecto en cada rayo de Sol”, así lo describe Carlos Mejía en el tema que compuso en su honor.

• Gerardo Tiffer, uno de los socorristas que atenció a Álvaro Conrado

“Abrí las alas Álvaro, de par en par 
Abrí tu alma chavalo, y lejos volá 
Tu sangre azul y blanco dará de beber 
A toda Nicaragua
al que necesita creer”, así le cantó Augusto Mejía.

Ilustración en homenaje a Álvaro Conrado. Imagen: Cortesía / Maje

De formación ignaciana, de espíritu guerrero y de servicio, de alma ingenua pero valiente, que fue apagada justo cuando alzaba el vuelo, cuando apenas llegaba a la primavera de la vida. Con la muerte de Álvaro Conrado solo consiguieron darle más vida a su intención de apoyo.

Fue hace un mes, el 19 de abril, cuando el adolescente Álvaro Conrado vio el sufrimiento de muchos jóvenes universitarios que fueron reprimidos violentamente y decidió alzar el vuelo.

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Pese a que esa noche su papá le dijo que era peligroso asomarse a las protestas, él simplemente demostró que se apoderó de la máxima ignaciana que le fue inculcada “en todo amar y servir”. También se hizo propia de aquella frase de Rubén Darío “si la patria es pequeña, uno grande la sueña” y el mensaje que envió a una amiga en esa noche lo demuestra, “Somos nicaragüenses. Somos uno solo. Contra eso no podrán nunca jamás”, esto fue parte de lo que envió el adolescente.

En homenaje a Álvaro Conrado en la Rotonda Jean Paul Genie. Foto: Cortesía / Maje

Acababa de cumplir 15 años, cursaba el décimo grado de la secundaria en el Colegio Loyola, era músico y atleta.

El viernes 20 de abril alzó su vuelo eterno, salió de su casa a apoyar a los jóvenes y se encontró con la muerte. Salió de su casa sin contarle a nadie, se fue acompañados de sus amigos del barrio y de su propio dinero compró agua, pero una bala en el cuello no le permitió terminar su misión.

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“Me duele respirar, me duele respirar”, dijo tras recibir el disparo.

 

 

 No pudo contar la hazaña a sus padres, pero sí dio una gran lección a todo un país que hoy lucha por la democracia, justicia y libertad.

“Emprendí mi eterno vuelo y les puedo asegurar que aquí, desde esta estrellita te veré Nicaragüita conquistar tu libertad”, así lo despide Carlos Mejía.

En todo amar y servir.

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