Upoli, la ciudadela donde no se conocen pero son una familia

Foto: Cortesía/ Maje
Te comentamos la experiencia de algunos jóvenes que se encuentran dentro de la Upoli, ellos luchan por que se respeten sus derechos.

En los alrededores de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) aún queda la evidencia de fuertes enfrentamientos; la seguridad es uno de los aspectos que ocupa mucho a los jóvenes que resguardan la universidad. 

Detrás de los portones hay jóvenes protegiendo la universidad, me acerqué muy tranquila y pregunté si podía acceder a hablar con algunos de ellos, me preguntó exactamente que quería y mi identificación.

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Le comenté un poco sobre mi trabajo y le mostré mi identificación, me miró de pie a cabeza, finalmente él accedió y me marcó una X en el brazo para que pudiera entrar.

Foto: Cortesía: Maje

Cuando di unos pasos adentro me detuve a observar y sentí que entraba a otro mundo, para ser más específica, sentí que estaba en un nuevo pueblo, una ciudadela.

Un joven se me acercó y me preguntó, "¿Qué andas buscando?" Le dije que quería algunos testimonios de los jóvenes, no la pensé dos veces y le pedí que me diera el suyo.

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Por seguridad no pondré su nombre, él es estudiante de periodismo, tiene 18 años y lleva una semana en la Upoli, una de las razones que lo motivó a unirse a estas protesta fue apoyar a sus padres con su pensión.

El ayuda con la protección en las puertas y algunas veces en el área de cocina. “Con el primer muerto que hubo, me tocó ayudar a meterlo en la ambulancia, él estaba en la cuadrilla del frente del universidad. El tubo del mortero no estaba resistente y al salir el caramelo explotó, se fregó casi todo el brazo y venía sin dos dedos, había mucha sangre”, comentó asustado.

Después de unos segundos sin hablar dijo “fue la primera vez que miraba eso, estaba nervioso y casi me caigo en la escaleras”. 

Los infiltrados  

Me comentó que uno de los momentos en los que sintió miedo fue cuando descubrieron a algunos policías que andaban infiltrados. “Nos dimos cuenta que eran infiltrados porque andaban armas”.

Entrada principal de la Upoli, el día de la marcha del 23 de abril. Foto: Melvin Vargas

 

Los jóvenes estaban molestos, eso sí nunca lastimaron a estos oficiales. Quizá la conciencia o el miedo llevaron a los policías a confesar que andaban de infiltrados. “Andaban de negro y no cuadraban en el ambiente y la edad que tenían era de 30 y tanto”, contó.

“Extraño mi hogar” 

El joven me comentó que cuando se enteró de los ataques decidió apoyar en lo que pudiera, hasta el momento no ha resultado herido físicamente, pero si emocionalmente. 

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“He sentido ansiedad, es como una combinación de emociones, he sentido miedo de morir, pero tengo fe, lo último que se tiene que perder es la fe, todas las noches he sentido las ganas de regresar, extraño a mi mamá, a mi papá, mis hermanos”, expresó.  

“El segundo día de las marchas mis hermanos anduvieron aquí en la universidad codo a codo, nunca había sentido eso que nos apoyáramos en todo como familia como unos guerreros, diría como espartanos”, comentó, pero esta vez sonriendo. 

Una vida normal 

Antes de unirse a estas marchas, la vida de él era normal, me dijo que iba bien con sus estudios y que después de clases iba a entrenar Taekwondo, él es cinta verde, otros de sus deportes favoritos es el básquetbol. 

Me dijo que su mamá está muy preocupada pero que llega frecuentemente a visitarlo a la Upoli y a dejarle ropa

“Aprendí que esa gente minúscula, ese mínimo, es gente que le está dando una gran lección al gobierno y estamos demostrando que ya la venda no la tenemos puesta y que hay que hacer lo correcto”, afirmó. 

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Una de las cosas que él quiere es una disculpa del gobierno, que los llamó vándalos de la derecha y delincuentes. “Deberíamos de ser familia, todos somos hermanos nicaragüenses no hay que dañar al pueblo”, agregó. 

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“Fue súper hermoso la marcha que hubo el lunes, en mi vida había visto tantas banderas de Nicaragua juntas, sentí amor la gente apoyando en todo”, dijo muy emocionado. 

Foto: Cortesía/ Maje

Para él esto es una nueva experiencia y no se irá de la Upoli hasta que se cumplan las peticiones de los jóvenes, me contó que lo más bonito es como hizo amigos, pues la manera en la que se conocieron fue única, en la Upoli todos son familia.

“Soy estudiante de Diseño Gráfico”

Después de hablar con el joven, le pedí que me presentara a otros de los que se encontraban en el recinto, ella es estudiante del último año de la carrera de Diseño Gráfico de la Upoli, y es voluntaria del cuerpo médico del Movimiento Universitario 19 de abril. 

“El día que me uní venía de clases de dibujo, me di cuenta que la ruta no estaba pasando y había gente protestando, pasaron las horas y me quedé con unos amigos”, relató. 

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Ella estaba en la entrada de Villa Rafaela Herrara, cuando llegaron los antimotines, no logró abordar un autobús así que decidió regresarse a su universidad, Upoli.

Instalaciones médicas en la Upoli Foto: Cortesía/ Maje

Una de las cosas que la motivaron a unirse a la protesta, además de las reformas al INSS, fue enterarse que estaban matando a los jóvenes. “No somos politólogos o economistas, pero hay cosas que podemos ver que afectan y son factores de empobrecimiento social y yo creo que podemos cambiar eso, somos jóvenes, podemos difundir valores nuevos y de eso se trata la protesta”. 

“Los primeros cuatro días fueron difíciles” 

“Jamás había visto a una persona con un trozo menos de su cuerpo, a un muchacho hasta le faltaba un dedo fue bastante difícil”, expresó al momento de contar sobre su experiencia en la unidad médica. 

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Ella narró que los antimotines lanzaban balas de goma y de verdad esto la asustó mucho, pues nunca había estado en una situación así.

“La experiencia del gas lacrimógeno es difícil en el cuerpo, se te inflama la garganta, es una picazón que solo quisieras arrastrarte en el suelo, pero los muchachos no se rendía entonces nosotros no teníamos que rendirnos”, contó. 

“Llevo tres meses sin ver a mis padres”

Sus padres viven en otra ciudad y lleva tres meses sin verlos, aunque tienen contacto vía Facebook, me dijo que su mamá lloraba todas las noches y que estaba molesta con ella por permanecer en la Upoli, aunque su papá la apoya y piensa que los jóvenes deben protestar. 

“Yo no lloro mucho, a veces creo que me molesta cuando las muchachas empiezan a llorar,  por qué lloran cuando pueden hacer algo, es cierto que esto es difícil pero, si nos ponemos a llorar todo el tiempo no vamos a ayudar”, afirmó

El dolor de una madre

Una de las muchachas que se encontraba en el piso de abajo se me acercó y me dijo que andaba una de las mamás que había perdido a su hijo en las protestas.

“Yo con mis propios ojos miré como los antimotines disparaban a matar a los jóvenes y sin preguntar nada sin saber”, confesó. 

Foto: Cortesía: Melvin Vargas/ Maje

“Creo que no hubo motivo para hacer eso, porque los jóvenes tienen derecho a protestar. Sé que esto es muy difícil de creerlo, verlo y vivirlo en carne propia", agregó 

Su hijo decidió unirse a las protestas el día miércoles 18, a él le dispararon en la Upoli el día sábado. 

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“Yo le regañaba, le decía tené cuidado mira cómo anda la policía, anda a matar, cuidado y él estuvo en todo esos días y el sábado me lo balearon, en la autopsia salió que me le perforó el vaso, perdió demasiada sangre mi hijo”, dijo la señora, quien pide justicia.

Foto: Cortesía/ Maje

 

Al llegar a la Upoli pensé que encontraría a jóvenes asustados y con miedo pero, fue todo lo contrario, me topé con jóvenes fuertes, organizados y seguros de lo que quieren. 

Fotos y momentos que marcaron las protestas

Una de las cosas que pedían era que se aclara que ellos no tienen a nadie secuestrado y que no los financia ningún partido político.

En una ocasión intentó entrar gente de un partido político, pero ellos rechazaron cualquier acuerdo o ayuda. “Los jóvenes no pensamos como políticos, pensamos por Nicaragua”, expresaron muchos de los estudiantes. 


 

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