BLOG | Vivir sin metas

Este fin de semana me iré a uno de los lugares que siempre me inspiran para mirar al celeste infinito y repensar mis propósitos. Espero, en cinco años, contarles si las cumplí o no.

El pasado viernes me desperté tarde y por alguna razón me quedé viendo al techo y pensando en las metas a corto, mediano y largo plazo. ¿Metas? Perdón, la verdad es que este año no me propuse ninguna y las que me propuse años anteriores no las cumplí o las dejé tiradas en mi gran universo mental. ¿Pero cómo es posible que viva, que vivamos, sin metas?

Pues sí, creo que la mayoría vivimos sin metas. Nos la pasamos entre el ajetreo del trabajo y las cosas de la casa, la vida de adulto. Trabajamos para sobrevivir, no para vivir. Cada vez que tengo alguna situación en particular acostumbro preguntarle a dos o tres personas al respecto, y sus respuesta coinciden con las mías. O sea, tres de mis amigos dejaron de pensar en objetivos a futuro.

•  Blog | Sin el doble check de Whatsapp

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¿En qué momento dejamos de establecernos metas? La última vez que escribí mis propósitos en varias pegatinas de colores fue en 2014. Estaba emocionado y las coloqué en mi oficina y en mi habitación. Ya no recuerdo si las cumplí, de la única que me acuerdo es “aprender a conducir vehículos”. Pasaron cuatro años y no aprendí.

Así que reflexioné: solo tenemos una vida y no es justo que pasemos gastando neuronas en función del trabajo o los problemas. Por ejemplo, yo me propuse este año conocer más de mi país, viajar y enfocarme en mis proyectos personales. ¿Y qué hacemos para cumplirlas? Empecemos por preguntarnos qué queremos de nuestras vidas.

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No soy un especialista en motivación ni pretendo serlo, pero escribo esto desde mi sentir, así que una tarea de todos los días es recordarnos que en cinco años, por ejemplo, debemos haber (…). Tengo 24 años y no quiero llegar a mis 30 años siendo periodista, tampoco me veo a mis 40, con canas, en una Sala de Redacción.

 

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Lo peor que puede pasar es que me quede a ver pasar el tiempo  y llegue a esas edades haciendo lo mismo. La frustración será terrible, por eso debemos establecernos metas realistas, pero que a la vez impliquen un desafío. Fijar tiempos y definir cómo vamos a lograr nuestros propósitos, es parte de la planificación.

Y no todas las metas están relacionadas con dinero. Muchos quizás desean dejar de fumar o comer saludable. Intentémoslo. He leído dos veces el libro ¡Escríbalo y hágalo realidad!, de la estadounidense Henriette Anne Klauser, y en él sugiere que escribamos nuestro propio guion a partir de las metas que queremos conquistar.

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Por casualidad me encontré con un artículo en el diario EL PAÍS en el que se cita a la autora y hay algunos consejos que podrían leer. Como se plantea en el texto “muchas cosas nunca llegan a suceder porque nadie se atreve a intentarlas. (Y) algo así sucede con las grandes metas que pudimos tener de niños y que de adultos nos parecen ingenua”.

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Este fin de semana me iré a uno de los lugares que siempre me inspiran (laguna de Apoyo o el mar) para mirar al celeste infinito y repensar mis propósitos. Espero, en cinco años, contarles si las cumplí o no.

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